Cristo, rey del Universo y de mi corazón

 Hoy ha celebrado la Iglesia Universal la fiesta de Cristo Rey, la gran fiesta con la que finaliza el Año Litúrgico, por ello el Domingo siguiente será el Primer Domingo de Adviento.

A modo de reflexión, de examen ¿Optamos por seguir a Cristo en ese camino hasta su reino? Es probable que veamos en nuestro interior y en nuestras actitudes que no le seguimos bien pues nos cuesta entender su reinado.


En el Evangelio de hoy leemos el diálogo que mantuvieron Cristo y Pilato, pues este había percibido algo especial en Cristo, su fuerza interior. Cristo le dijo que su reino no es de este mundo pues si lo fuera su guardia lo habría liberado. A pesar de ello, Pilato no cambió, no hizo nada. Nosotros muchas veces también no hacemos nada por ser mejores, por ser santos, por cumplir aquellos propósitos que habíamos pensado para alcanzar una pequeña meta en nuestra entrega a Dios, como laicos.

No obstante, siempre estamos a tiempo de rectificar nuestros actos y nuestras intenciones. Recordemos que Cristo se despoja de todos sus atributos y acepta la Cruz, ese es su reinado, la lucha sin desfallecer contra la injusticia y el pecado, por eso nos cuesta tanto entenderlo.

No somos reyes ni poderosos (¡algunos sí!) pero todos tenemos una cuota de poder (en la familia, en el trabajo, etc.) ¿Cómo la usamos? También deberíamos despojarnos de algo: De nuestra soberbia y renovar ese sí a Cristo Rey.


EVANGELIO DEL DÍA DOMINGO 21 DE NOVIEMBRE DE 2021

Evangelio según Juan 18, 33-37

En aquel tiempo, preguntó Pilato a Jesús: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús le contestó: “¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?” Pilato le respondió: “¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?” Jesús le contestó: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí”.

Pilato le dijo: “¿Conque tú eres rey?” Jesús le contestó: “Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”.

La visión beatífica de Dios

Hoy, 1 de noviembre, es un día de gran júbilo. El cielo está de fiesta pues celebramos de la mano de la Iglesia, que es Madre y Santa, la Festividad de todos los Santos. Por un lado, aquellos santos que a lo largo de los siglos la Iglesia ha elaborado la Causa de los Santos, los ha proclamado así y constan de esta manera en el santoral. Y por otro, celebramos todos aquellos santos que están en el cielo y de los que no hubo proceso de canonización pero que lucharon por su santidad hasta el momento de su muerte material, la de su cuerpo. Allí en el Cielo (que es un estado del alma) todos ellos gozan de la visión beatífica de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, tres Personas distintas y solo un Dios verdadero.




Nosotros, todos nosotros, podemos proponernos con la ayuda de los sacramentos y en definitiva con la Gracia de Dios, iniciar nuestro camino de santidad en nuestra vida ordinaria, sea cual sea y estemos donde estemos. La llamada a la santidad nos la hace Dios a cada uno individualmente, no es cosa para unos elegidos, sino para todos los fieles. No será fácil, pero Dios nos ayudará siempre. Y cuando lleguemos al final de nuestra vida mortal, también gozaremos de la patria celestial y de esa visión en la que nos encontraremos cara a cara con Dios.

¡Todos con el Papa!