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Quien salva es Jesucristo, Dios y hombre verdadero

 Sucedió que en el municipio de Matera de la región de Basilicata del sur de Italia se cometió un crimen en el interior de una iglesia, al pie de una imagen de la Virgen María. En esta ocasión también la fiscal adjunta Señora Inma Tataranni resolvió el crimen no sin complicaciones.  No solo pudo ordenar el cierre en prisión de los culpables del crimen, sino que también desmanteló el negocio de unas señoras embaucadoras que habían montado altares dedicados a la Virgen María en sus diversas advocaciones en el domicilio de una de ellas. El delito que se desenmascaró fue que la que dirigía el cotarro captaba mujeres y les decía que si rezaban allí muchos rosarios y le pagaban a ella un dinero o le dejaban sus posesiones en herencia se les perdonarían todos los pecados.


Esto es una estafa y un pecado grave, pues no se puede utilizar la virtud de la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra con y para ningún uso salvífico y mucho menos dinerario. Es decir, quien salva siempre y únicamente es Dios a través de Jesucristo que instituyó los siete sacramentos, entre ellos la Confesión llamado también el de la Reconciliación con Dios.

Tanto la Virgen Santísima como los santos del cielo interceden ante Dios, hablan bien de nosotros, pero es Dios quien salva, quien hace los milagros antes, ahora y en el futuro.

Los atributos de la Virgen Santísima son muchos, ahí tenemos los dogmas sobre ella y las letanías del santo rosario (oficial). Evidentemente contribuyó a la salvación de la humanidad por su fiat, confió en Dios quien todo lo puede. Recordémoslo siempre.

Un último detalle, en la oración del Ave María no añadamos nada, por favor, tiene su texto oficial. Ella es nuestra Madre en el sentido espiritual. Así que no podemos añadir a Dios te salve María pariente mía, por ejemplo.

Fotografía Wikipedia

El diablo conoce perfectamente la doctrina católica y fabrica tentaciones para ir en contra de ella

El evangelio del día 10 de octubre de 2025 nos dice con total contundencia que puede asustar que el demonio existe, que el demonio nunca hace el bien pues es el príncipe de la mentira, del mal en sí mismo. Si le obligaron a salir de donde estaba mentido (de un endemoniado) puede volverse a meter en un alma limpia recién confesada y absuelta, si el propósito de la persona es seguir igual (o peor) pues realmente se confesó para simular su arrepentimiento. Dios lo sabe y el demonio no se desanima y sigue tentando para hacernos caer.

Vamos a leer el texto del santo evangelio según san Lucas 11, 15-26:

En aquel tiempo, cuando Jesús expulsó a un demonio, algunos dijeron: “Éste expulsa a los demonios con el poder de Satanás, el príncipe de los demonios”. Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa. Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: ‘’Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿Cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Satanás. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios por el poder de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo, y al no hallarlo, dice: ‘Volveré a mi casa, de donde salí’. Y al llegar, la encuentra barrida y arreglada. Entonces va por otros siete espíritus peores que él y vienen a instalarse allí, y así la situación final de aquel hombre resulta peor que la de antes”. 



Un alma confesada, si el demonio la tienta de nuevo la encontrará barrida y arreglada por lo tanto hay que usar esas armas para guardar nuestro palacio para que mis bienes estén seguros. Y ¿Cuáles son esos bienes sagrados que nos dejó Jesucristo para llenarnos de Dios? Los sacramentos, la oración mental, las oraciones vocales, la práctica de las virtudes. En efecto, todo un clásico de la doctrina católica. Si abandonas a Dios y a los medios que a puesto a nuestro alcance, nos vaciamos de Él. Sin duda, el diablo estará al acecho y con más espíritus que antes, y además con más ferocidad en sus artimañas.

En esta reflexión me ha venido a la cabeza un libro que leí hace pocos meses, una lectura fuerte y clara para la que has de estar preparado: Cartas del diablo a su sobrino del autor británico C. S. Lewis, conocido por ser autor también de Crónicas de Narnia. Leí la novela de las cartas en mis vacaciones estivales pasadas. Solo pude leer una carta al día, o días alternos. Pues según y como, me quedaba boquiabierta. Se trata de un diablo anciano que conoce perfectamente la doctrina católica y en consecuencia fabrica tentaciones para ir en contra de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo y por supuesto de la Virgen Santísima. El relato epistolar es con otro diablo pero más joven que lo está adiestrando para que logre que muchas almas se desvinculen de Dios. El autor sitúa la acción de los diálogos entre los demonios en medio de los bombardeos de la II Guerra Mundial. Hoy, 83 años después, es un libro totalmente actual pues esta Europa en la que vivimos, de origen cristiano, está vaciándose de Dios y muchas personas van por ahí siendo lobos vestidos de corderos.

Vivir la pobreza, ser desprendidos

 Las entidades de crédito son las que más saben del aumento del gasto familiar en créditos para ir de viaje lo más lejos posible, o renovar el mobiliario a precio de ganga, aunque no se necesite, alquilar un bungalow a la vuelta de las vacaciones porque no te apetece volver al trabajo, hacer regalos extraordinarios con fin de semana romántico incluido sin corresponder a fechas destacadas, simplemente porque yo lo valgo y miles de ejemplos más. Y ya ha dado aviso el Banco de España de que muchos de estos créditos no se cobrarán.

El ambiente de gasto impropio, superfluo, excesivo, inadecuado de nuestra clase política, la potente y sugestiva publicidad y el buen márquetin de empresa nos desliza constantemente a vaciar la cartera, la tarjeta de crédito pues nos entra hambre de gasto de forma repetible y continuada. Es necesario ponerte un freno o límite personal. Pues el entorno no lo va a hacer por ti.

Por ello, nos podemos proponer vivir la pobreza como virtud, como virtud cristiana, es decir, ser desprendidos de los bienes terrenos para estar más cerca de Dios. No se trata de que nuestro hogar sea un falso convento. O que nos vayamos a un monte y vivamos como ermitaños, y nos alimentemos a base de animalillos del bosque e insectos. Esta no es la propuesta para nuestro tiempo ni para los que vivimos en el mundo de hoy. 


Vivir la pobreza como virtud cristiana significa no tener más de lo que realmente se necesita ¿Cuántos televisores tengo en mi casa? ¿Apago las luces de las habitaciones o estancias en que no hay nadie? ¿Tiro a la basura habitualmente alimentos que compro y no consumimos en casa? ¿Se me caducan los productos envasados y también tengo que tirarlos? ¿Mantengo arregladas todas las conducciones de agua o de otros suministros para evitar fugas y a la vez malgastar? ¿Cambio habitualmente de teléfono móvil para llevar siempre el último modelo? ¿Cuántas veces vas al bar, restaurante, cafetería, etc. en lugar de hacerlo en casa o por medio de fiambrera? ¿Comes y bebes hasta hartarte?

Podríamos plantearnos muchas preguntas.  Cada uno de la familia puede hacer también este examen de conciencia y anotar en qué se puede mejorar. Por ejemplo, si ya no te cabe ropa en el armario, zapatos, complementos, maletas, cinturones, etc. hoy se pueden vender con cierta facilidad. El beneficio que obtengas lo ahorras y un día vas a tu parroquia y lo entregas como donativo. O le haces una transferencia a Cáritas. Con ello, además de ganar espacio en tu vida y en tu corazón para poner a Dios, te sentirás aliviado.

 Hay un pasaje del Evangelio según San Mateo 6, 24-34 que nos puede ayudar en este sentido:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o bien obedecerá al primero y no hará caso al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero.

Por eso les digo que no se preocupen por su vida, pensando qué comerán o con qué se vestirán. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes más que ellas? ¿Quién de ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un momento?

¿Y por qué se preocupan del vestido? Miren cómo crecen los lirios del campo, que no trabajan ni hilan. Pues bien, yo les aseguro que ni Salomón, en todo el esplendor de su gloria, se vestía como uno de ellos. Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?

No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por consiguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura. No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le bastan sus propios problemas”.

 Después, intenta vivir con lo que ingresas, poco a poco, pues tratándose de una virtud, es decir, de repetir actos buenos en ese sentido, no es un encendido o apagado de móvil inmediato. Y recordar, que las cosas que nos queden o tengamos siempre nos han de llevar al Cielo.

es Dios quien nos llama, a Él corresponde la iniciativa

La primera lectura de la misa del Tercer Domingo de Cuaresma, que en nuestro calendario correspondió al 23 de marzo de 2025, es uno de los relatos bíblicos en los que podemos reconocer a Dios como ser y esencia de todo lo creado.

Recordemos el texto de la Lectura del libro del Éxodo (3,1-8a.13-15):


En aquellos días, Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios. El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse. Moisés se dijo: «Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza.»

Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: «Moisés, Moisés.» Respondió él: «Aquí estoy.» Dijo Dios: «No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.» Y añadió: «Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob.» Moisés se tapó la cara, temeroso de ver a Dios.

El Señor le dijo: «He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel.»

Moisés replicó a Dios: «Mira, yo iré a los israelitas y les diré: «El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros.» Si ellos me preguntan cómo se llama, ¿qué les respondo?»

Dios dijo a Moisés: «» Soy el que soy»; esto dirás a los israelitas: `Yo-soy’ me envía a vosotros».» Dios añadió: «Esto dirás a los israelitas: «Yahvé (Él-es), Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros. Éste es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación».»

 A veces creemos que Dios se manifestará ante nosotros con un gran espectáculo de luces y estrellas o de fuego y agua, pero, como hemos leído, Dios se manifestó a Moisés en medio de su trabajo cotidiano, es decir pastoreando las ovejas de su suegro, cosa que no sorprende pues trabajaba en el entorno familiar de su esposa. Y en medio de aquel desierto le sorprendió que una zarza seca ardiese sin consumirse. Por ello tuvo la curiosidad de acercarse pues se trataba de algo nuevo para él. Allí estaba Dios que le llamó por su nombre. 

A nosotros, mientras trabajamos y convertimos nuestro trabajo en oración, cuando oramos para escucharle también, en cualquier otra circunstancia, nos llama por nuestro nombre. Con Moisés tuvo la conversación que hemos leído. Le pidió que se descalzara y del espanto Moisés se tapó la cara y le escuchó. Y a la pregunta de cual era su nombre, fijaros que dijo Yo soy el que soy. Yahvé.

A lo largo del Antiguo Testamento apenas se pronuncia el nombre de Dios por ese respeto y temor a Dios que invade a las personas que creen y aman lo sagrado de quien les da la vida y se la quita, quien les da de comer y de vestir todos los años de su vida y les promete que si seguimos sus decretos tendremos vida eterna.

Por ello podemos tener claro que la vida ordinaria, nuestra rutina, nuestro trabajo cotidiano, es el entorno natural donde Dios, Nuestro Señor, se manifiesta a todas las almas. No hay que buscar lugares que creamos que puedan ser más propicios, pues es Dios quien nos llama, a Él corresponde la iniciativa.

Los santos inocentes, los niños pasados a espada por Herodes

Siguiendo la liturgia de Navidad, el día 28 de diciembre se recuerda la matanza instigada por el rey Herodes en Ramá la zona de Belén donde había nacido Jesús. Las profecías indicaban que iba nacer un niño de las tierras de Judá y que sería el Rey de los Judíos. Así se lo hicieron llegar al rey Herodes que presa de pánico por creer que lo iban a derrocar, pues entonces el Imperio Romano había llegado hasta aquellas tierras, ordenó el degüello de los niños menores de dos años.  Además, Jesús nació en Belén porque José y María iban de camino a censarse tal como había decretado Herodes, pero antes de llegar a su destino se produjo el alumbramiento.



El rey Herodes no sabía exactamente cuando nació Jesús por lo que no podía establecer la edad de aquel presunto enemigo que iba a liberar a Israel, por ello ordenó que fueran pasados a espada todos los menores de dos años. Los soldados en tropel iban entrando en aquellas casas de barro, paja y piedra donde vivían las familias, ejecutando a los bebés y si las madres no los soltaban a ellas también.

Estudiosos exégetas nos han explicado que aquel lugar era pequeño, bien diferente a la ciudad de Belén que actualmente conocemos, y que a lo sumo fueron ocho o nueve criaturas degolladas. Ellos, sin saberlo, murieron mártires por Jesucristo. Sabemos también por el Evangelio que a san José en sueños se le apareció un Ángel del Señor que le dijo que tomara a María y al niño y huyeran a Egipto hasta la muerte de Herodes, así había sido profetizado y así lo hicieron.

Hoy es necesario reflexionar este crimen a capricho de Herodes pues no cesan los crímenes sistemáticos, a petición propia de madres y padres, por medio del aborto. Solamente en España, la última cifra es espeluznante: más de 100.000 niños y niñas abortados al año, y en aumento. Esto sí que es un exterminio permanente. La cifra de no nacidos a nivel mundial es de millones de seres humanos asesinados. Toda una industria de pecado sin tregua.

Por otra parte, existe una tradición pagana de gastar bromas, decir tonterías o mentiras, tirar arañas de plástico, bombas fétidas o cosas por el estilo. Todo esto no tiene nada que ver con la tradición cristiana pues no tiene nada de chiste el crimen de los santos inocentes.

 

 

Enamorarse de Cristo, ser otro Cristo

El pasado domingo 25 de agosto de 2024, leímos o escuchamos al sacerdote en la santa misa el siguiente extracto del santo Evangelio según San Juan, 6, 55. 60-69:

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: "Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida". Al oír sus palabras, muchos discípulos de Jesús dijeron: "Este modo de hablar es intolerable, ¿Quién puede admitir eso?"

Dándose cuenta Jesús de que sus discípulos murmuraban, les dijo: "¿Esto los escandaliza? ¿Qué sería si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da la vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida, y a pesar de esto, algunos de ustedes no creen". (En efecto, Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo habría de traicionar). Después añadió: "Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede".

Desde entonces, muchos de sus discípulos se echaron para atrás y ya no querían andar con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: "¿También ustedes quieren dejarme?" Simón Pedro le respondió: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios".

En este texto y los de otros días, los evangelistas nos relatan cómo Jesús iba preparando a sus discípulos para la institución de la Eucaristía en la Santa Cena del Jueves Santo. Los que se apartaron de él no podían consentir que beber sangre fuese una propuesta admisible, pues recordemos que ningún alimento judío contiene sangre. Por lo que para ellos era una aberración. Pero a otros de sus discípulos sí que les pide que le sigan admitiendo que su carne y su sangre, son verdadera comida y bebida. E insiste, por ello Simón Pedro le contesta: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

Y nosotros ¿Adónde vamos? ¿Nos hemos enamorado de Jesucristo?, o como relatan los evangelios de esta semana ¿Somos como los escribas y fariseos hipócritas?

Nuestro examen de conciencia puede pararse en estos puntos tan importantes y chocantes. No veamos a esos escribas y fariseos tan lejos de nuestras actitudes y conductas. No es suficiente ser una persona buena que intenta evitar el mal y rechazar el pecado; o llevar los hijos y nietos a colegios católicos para que tengan otro ambiente. Todo esto está muy bien, pero el Señor nos pide más. Que vayamos de su mano, hasta enamorarnos de Cristo, pues solo Él tiene palabras de vida eterna.

Al Señor le duele mucho nuestra hipocresía, cuando oye nuestras murmuraciones, nuestras críticas, nuestro vivir de rentas espirituales, nuestra entrega justita porque aburre rezar, nuestra pereza a la hora de ayudar a los demás. En fin, mil cosas que podemos corregir hasta ser Otro Cristo.

 

 

 

Actos de desagravio para contrarrestar el mal con abundancia de bien

 Es muy recomendable la lectura continuada de los santos Evangelios para profundizar cada día más en las enseñanzas de Jesucristo y su Iglesia. La escucha y repaso del Evangelio del día de Santa Isabel de Portugal, el 4 de julio me llevó a reflexionar y a viajar mentalmente por aquellos lugares de Tierra Santa, hoy poco visitados causa de la guerra.

Recordemos a san Mateo  9, 1-8

En aquel tiempo, Jesús subió de nuevo a la barca, pasó a la otra orilla del lago y llegó a Cafarnaúm, su ciudad. En esto, trajeron a donde él estaba a un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: "Ten confianza, hijo. Se te perdonan tus pecados". Al oír esto, algunos escribas pensaron: "Este hombre está blasfemando". Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: "¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil: decir '¿Se te perdonan tus pecados’, o decir ‘Levántate y anda’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados, –le dijo entonces al paralítico–: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". Él se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la gente se llenó de temor y glorificó a Dios, que había dado tanto poder a los hombres.

 Nos vamos a situar en el lugar aproximado donde Jesús subió a la barca. Hoy es territorio de Israel, y allí están los Altos del Golán, lugar desde donde se despeñó aquella piara de dos mil cerdos endemoniados, y donde hoy es frontera, en guerra, con Siria. Jesús atravesó ese Mar de Galilea de agua dulce, y atracaron la barca al otro lado, en Cafarnaúm. Allí vivía Pedro y su familia, lugar donde Jesús curó a su suegra. Había una sinagoga, por eso había escribas. Hoy se visitan unas ruinas de la posterior sinagoga romana construida en las ruinas de aquella sinagoga donde Jesús iba a predicar y a curar.

Leemos en el evangelio san Mateo uno de los cuarenta y tantos milagros que hizo Jesús en su vida pública y que se explican en los evangelios, aunque estos no fueron los únicos. Aquí Jesús manifiesta su divinidad doblemente, primero porque siendo Dios perdona públicamente los pecados de un hombre del que conoce su fe al acudir a Él. Y, por otra parte, le cura su enfermedad, la parálisis. No obstante, aquellos escribas que buscaban cómo atraparle, pensaron que Jesús estaba blasfemando porque se otorgaba poderes divinos no atribuibles a los hombres, según ellos.

Estos judíos escribas que conocían muy a fondo las Escrituras, la Torá, y sabían que estaba escrito que Dios enviaría un Mesías, no reconocieron a Jesús como tal y lo que querían era hacerle desaparecer. Ya entonces el diablo insidiaba contra el Señor.

En contrapartida, nosotros podríamos hacer más actos de desagravio ante tantas blasfemias e injurias que vemos y oímos hoy constantemente contra Dios y contra la Santa Iglesia de Cristo. Sobre todo, en estos días en los que se ha exaltado la homosexualidad y sus variantes perversas contra la dignidad humana y el matrimonio entre el hombre y la mujer para toda la vida. Con estos actos de desagravio contrarrestaremos el mal con abundancia de bien.


La Eucaristía, Sacramento de Amor

 Este año, el mes de junio, dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, empieza con la Solemnidad del Corpus Christi, lo cual nos permite adentrarnos en el amor de Dios por nosotros contemplando precisamente el Sacramento de tanto amor. Los evangelios nos presentan el momento de la  institución de la Eucaristía como la manifestación extrema del amor de Dios: “habiéndolos amado, los amó hasta el extremo” (Jn 13,1).


La Santísima Eucaristía, en palabras de Benedicto XVI Es el don que Jesucristo hace de sí mismo, revelándonos el amor infinito de Dios por cada hombre. En este admirable Sacramento se manifiesta el amor «más grande», aquél que impulsa a dar la vida por los propios amigos. Procuremos siempre, pero de manera especial este mes, participar del Santo Sacramento con fervientes deseos de descubrir este inmenso amor de Dios por cada uno de nosotros. Deseemos de verdad la Santa Misa, recibamos su Cuerpo y su Sangre con auténtica piedad y devoción, descubriendo a Cristo que nos ama entregándose por nosotros, mostrándonos todo su amor misericordioso, amable y profundo.

De esta manera, nos será fácil introducirnos en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Un corazón de carne como el nuestro pero Sacratísimo, sin corrupción y sin ningún tipo de apego desordenado, todo lo contrario, puro y limpio, inmenso, en el que cabemos todos. Descubriremos cómo es el amor de Dios por nosotros, nos ama infinitamente a cada uno con toda su divinidad y humanidad. Y ese descubrimiento nos impulsará a querer corresponder a tanto amor, anhelando recibirlo en la Eucaristía y llevándolo a los demás, con nuestra caridad manifestada en pequeñas obras de amor y entrega que el que se sabe amado y sabe amar es capaz de descubrir todos los días de su vida, como la Virgen María.

Mn. Xavier Argelich

Foto, Isabelita (La basílica de La Gran Promesa del Sagrado Corazón de Jesús, de Valladolid).

Entrar en la paz interior, una buena lectura

 Leemos el Evangelio de san Juan 10,11-18 que dice

Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por sus ovejas. El asalariado, el que no es pastor y al que no le pertenecen las ovejas, ve venir el lobo, abandona las ovejas y huye —y el lobo las arrebata y las dispersa—, porque es asalariado y no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor, conozco las mías y las mías me conocen. Como el Padre me conoce a mí, así yo conozco al Padre, y doy mi vida por las ovejas. Tengo otras ovejas que no son de este redil, a ésas también es necesario que las traiga, y oirán mi voz y formarán un solo rebaño, con un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, sino que yo la doy libremente. Tengo potestad para darla y tengo potestad para recuperarla. Éste es el mandato que he recibido de mi Padre.


También podemos leer el salmo 23, atribuido al rey David que reinó en Israel mil años antes de Cristo:

El Señor es mí pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el sendero justo, por el honor de su número. R/ Aunque camino por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tú vara y tu cayado me sosiegan.

 A veces sorprende que el Señor se tome como símil de Él mismo a un pastor y a nosotros como ovejas, pero es un ejemplo sencillo y lo entenderemos:

El pastor de ovejas sabe que a las ovejas hay que dirigirlas, ninguna va por su cuenta, va en el rebaño aquí o allá, y si una se pierde, no sabe volver al rebaño y por eso el pastor debe ir a su encuentro. Igualmente nos pasa a nosotros cuando nos salimos del rebaño de Jesús, es decir, cuando nos agobiamos y preocupamos, cuando la práctica de virtudes cristianas se olvida, cuando ofendemos a Dios, cuando no nos ocupamos de los demás, y miles de situaciones más. El Señor, nuestro pastor, nos llama y ​​por eso debemos estar atentos cuando rezamos, pues el Señor habla bajito. Y a través del Espíritu Santo nos infunde sabiduría, fortaleza, paz, amor, comprensión y nos guía siempre hacia el amor de la familia, los amigos, los vecinos, hacia el bien de nuestro entorno y de nuestro pensamiento.

En esta tarea maravillosa de ser una fiel oveja del Señor, ayuda mucho una buena lectura para meditar y reflexionar, y poner en práctica sus enseñanzas.

Recomiendo con decisión de THOMAS JOACHIM su libro de 2021 ENTRAR EN LA PAZ INTERIOR, Meditación sobre el salmo del Buen Pastor, Ediciones Rialp SA, colección Patmos, libros de espiritualidad.

Camino del calvario

 La Cuaresma es tiempo de intensa preparación espiritual para llegar con Cristo al Calvario, contemplar su Pasión y muerte para luego alegrarnos de su Resurrección.

Es verdad, es un camino largo, angosto y sacrificado que nos lleva a la penitencia personal y colectiva, pero nos transforma interior y exteriormente. Nos hace contemplar nuestra vida desde la perspectiva de la entrega y la renuncia personal para que el amor de Dios pueda crecer y adueñarse de nosotros, transportándonos a la verdadera vida de los hijos de Dios, a la vida sobrenatural, vivida en medio del mundo con total libertad y generosidad, desprendidos de lo mundano para poder saborear los bienes verdaderos y duraderos.

Jesucristo recorrió el camino del calvario solo. Los que le seguían huyeron, menos su Madre y san Juan y algunas mujeres valientes. Lo recorrió abrazado a la cruz, por amor a nosotros, sin rehuir del dolor y del sufrimiento, con el deseo ardiente de conseguirnos el perdón de nuestros pecados y la salvación de nuestras almas. Cristo nos quiere para Él, para que tengamos la felicidad plena que sólo Dios puede conceder.


¿Cuál puede ser la mejor manera de recorrer este camino? Lo sabemos bien, junto a Jesús. Caminando con Él recorriendo nuestra vida ordinaria con sentido sobrenatural, con deseos de ser corredentores, haciendo con decisión y lo mejor posible aquello que tenemos que hacer, nuestras ocupaciones diarias. Para ello, el mejor modo es unirnos y unir nuestras acciones al sacrificio de Cristo en la Cruz, es decir, la Santa Misa.

Procuremos adentrarnos en el gran misterio del Sacrificio de Cristo por los hombres, preparemos bien nuestras misas y vivámoslas con la máxima piedad posible, saboreando la liturgia y descubriendo todo su significado y valor, para alcanzar una unión espiritual, y por tanto real, con el Amor de los amores, con Cristo. ¡Gocemos de la Santa Misa!, dejémonos transformar por ella. Las prácticas cuaresmales del ayuno, la abstinencia, la oración y la limosna nos permiten recorrer el camino del calvario con este deseo de unirnos a Cristo Salvador.

 Mn. Xavier Argelich

 

¡Venid, vamos a adorarlo!

 Durante las fiestas de Navidad hemos cantado con frecuencia el Adeste Fideles mientras nos acercábamos a adorar al Niño Jesús. Se trata de un villancico compuesto en el siglo XVIII y que suele cantarse en latín, de ahí que sea muy conocido en todos los lugares donde se celebra la Navidad.

Nos invita a unirnos a los que acuden a Belén —pastores, ángeles, magos— para adorar a Jesús recién nacido: venite, venite…Vayamos, que Él ya ha nacido ¡Adorémosle!


Es a Dios a quien adoramos, al Hijo de Dios hecho hombre por amor a nosotros. Como necesitamos signos, el sacerdote nos presenta una imagen del Niño Jesús para que nos acerquemos a tributar todo el honor que se merece Aquél que viene a salvarnos. La adoración, por tanto, es interior, de todo nuestro ser, y lo manifestamos con el canto del Adeste fideles u otro apropiado y con el beso a la imagen del Niño.

De ahí, que lo importante sea querer dar gloria a Dios, honrarle con nuestro corazón y con nuestro entendimiento, en un acto maravilloso de fe. Te adoramos oh Dios, porque te reconocemos como único y verdadero Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Entendemos entonces que el mayor acto de adoración es la Santa Misa. La participación en la celebración eucarística nos lleva a la adoración interior y a expresarla mediante el culto.  De ahí que, el primer fin de la Misa sea precisamente la adoración (fin latréutico), es decir, alabar y honrar a Dios Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo.

Empezamos un nuevo año llenos de esperanzas, pero también con grandes incertidumbres. Acerquémonos confiados a Dios, con esa actitud de adoración y alabanza, acerquémonos y vivamos intensamente la Santa Misa, dispuestos a tributar todo el honor y gloria al Dios que se ha hecho hombre por nuestra salvación. Si conseguimos que toda nuestra vida y nuestras actividades estén centradas en la Eucaristía viviremos llenos de esperanza y alegría, ya que estaremos adorando al Único que merece ser adorado, al Único que puede darnos la felicidad eterna. ¡Feliz Año Nuevo!

Mn. Xavier Argelich

Y la Vida Eterna, Amén

 El pasado lunes 4 de setiembre de 2023, la liturgia de la Palabra de la santa misa recogía un extracto de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (4,13-18) que dice así:

 No queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza. Pues, si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él. Esto es lo que os decimos como palabra del Señor: Nosotros, los que vivimos y quedamos para cuando venga el Señor, no aventajaremos a los difuntos. Pues él mismo, el Señor, cuando se dé la orden, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que aún vivimos, seremos arrebatados con ellos en la nube, al encuentro del Señor, en el aire. Y así estaremos siempre con el Señor. Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.


Mientras escuchaba la lectura, mi mente se trasladó al mes de noviembre, mes especialmente dedicado por la Iglesia católica a los difuntos. Sin embargo, al salir del templo, con el exuberante sol que pegaba sin contemplación recordé las numerosas y recientes informaciones sobre las personas que habían sido fulminadas por un golpe de calor, que solo en este verano y en España ya son más de 2000; o más de 300 personas muertas por ahogamientos en entornos acuáticos; o más de 234 muertos por accidente de tráfico; por inundaciones 5 muertos., etc. etc.

Así que no ha sido este verano un periodo vacacional de terracitas y playitas para muchas familias españolas. Por ello, ese final del texto dice Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras, ya que realmente el consuelo verdadero está en Cristo, en su segunda venida que será la Resurrección de los muertos y la Vida Eterna, Amén.

Pero aquí seguimos en el mundo de los vivos y podemos dar consuelo a esas personas que han sufrido el desgarro natural que la muerte provoca en los que sobreviven al difunto, ahí está el acompañamiento familiar que debemos ejercer aunque cueste. En definitiva, consolar al triste es una obra de misericordia.


 

Amar a Dios porque te da la gana

 Recientemente he celebrado mi cumpleaños y una de las felicitaciones que he recibido ha sido de una entidad bancaria. Me ha sorprendido el contenido y os lo voy a contar resulta que Hasta el día de hoy tu corazón ha latido 3 billones de veces, has viajado alrededor del sol más de 65874 millones de km. ¡Casi nada! En estos años también has vivido 146 eclipses solares.

No voy a comprobar estos datos, están bien como están, son esplendorosos. Pero me ha llevado a meditar ¿Cómo es que ocurren tantas cosas que se producen más allá de la voluntad humana?



Todo eso ocurre por la intervención de Dios Todopoderoso, la primera de las verdades de fe. Como dice el Génesis, el primero de los libros sagrados de la Biblia, Dios creo al mundo. A lo largo de los tiempos, en la continuación de los libros sagrados, Dios se Revela a sí mismo y leemos cómo Dios no nos abandona, Dios no abandona a su pueblo. Y llegado el momento y lugar oportunos en su éxtasis, a través del Espíritu Santo, la Virgen María concibió al su Hijo único.

Ese Hijo Amado fue crucificado, muerto, sepultado y descendió a los infiernos, al tercer día resucitó entre los muertos para la salvación de todos, pero que luego sólo serán muchos. Se quedó aquí en la Tierra, como Dios Escondido en el Sagrario, para que podamos estar con Él, hablarle, adorarle, suplicarle, amarle.

Mientras tanto, la Tierra gira sobre sí misma y alrededor del sol, los astros se encuentran, se eclipsan y se dan sombra o luz uno a otros. Y yo respiro y late mi corazón.

Si para tantas cosas tan importantes como el equilibrio del universo no es necesario que pongamos el propio esfuerzo, para amar a Dios sí son necesarias las potencias de la inteligencia y la voluntad. Se ama lo que se conoce, y para amar se ha de ser libre para hacerlo, es decir, poner la propia voluntad simplemente porque te da la gana.

Hacer la voluntad de Dios es un acto de amor

 La lectura del santo evangelio según san Mateo (Mt 5, 38-42) de hoy es impactante y solemos mirar hacia otro lado porque nos resulta muy difícil amoldarnos a este querer de nuestro Buen Jesús. Recordemos el texto:

 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente; pero yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo. Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda; al que te quiera demandar en juicio para quitarte la túnica, cédele también el manto. Si alguno te obliga a caminar mil pasos en su servicio, camina con él dos mil. Al que te pide, dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda".

 

De una primera lectura podemos deducir que Jesús nos quiere medio tontos, que bajemos siempre la cabeza, que no nos defendamos y que en definitiva nos dejemos desplumar por nuestro enemigo.  Hay que entrar más a fondo: el acto de amor más grande que hizo Jesucristo fue morir en la cruz por amor, siendo Dios y hombre verdadero.

 

Nosotros no podemos estar siempre peleando con el prójimo tanto con el más cercano como el más lejano, entablando guerras y conflictos. En nuestro país observamos que el sistema judicial está saturado no porque sus empleados, jueces y otros funcionarios están o han estado en huelga, sino porque a pesar de haberse multiplicado el número de juzgados en toda España los conflictos personales, familiares, comerciales, y penales han crecido exponencialmente.

 

¿Cuántas familias están reñidas por dinero, herencias, tierras y parientes exigentes? ¿No podríamos suavizar nuestras exigencias y dejar de mentir para obtener … lo que sea? ¿No podríamos rezar más a menudo por nuestros enemigos cercanos, familiares, vecinos, compañeros de trabajo, en lugar de escupir cuando pasan por nuestro lado o desearles la muerte?

 

Me sucedió el otro día que, caminando por una calle transitada, un hombre al pasar junto a mí, me dijo: No lloraré cuando te mueras. ¡Uff! pensé. El hombre estaba rabioso por algo y me lo soltó.

 


Para poner un ejemplo práctico cito a Margherita Lottia conocida como Santa Rita de Casia (Italia), murió monja agustina y con estigmas (1381-1457). Sin embargo, de joven se casó con un varón principal de la familia con la que su familia estaba enfrentada. Ocurrieron muchos sucesos contra ellos. Tuvieron dos hijos varones gemelos. Y llegó la peste. En esos tiempos de enfrentamientos asesinaron su esposo y murieron sus dos hijos de peste. El asesino, justamente, era miembro de la familia enfrentada, también se contagió de la peste. Rita que se desvivía por los enfermos de un improvisado hospital, se enteró de ese contagio. Lo asistió, lo curó y aún siendo el asesino de su esposo, rezó intensamente para que se curara. Y sanó del todo y perfectamente.

¿Por qué Rita rezó por un asesino? ¿Por qué le fue concedido que se curara y no que se curaran sus hijos? Dios es el que tiene respuestas a estos misterios.

 

De momento nuestro Buen Jesús nos pide que hagamos su voluntad, aunque nos parezca extraña o incluso violenta para nosotros mismos.

 

 Nota: fotos de la Basílica de Santa Rita de Casia (Italia). Inaugurada en 1937.

Jesús es la Sabiduría de Dios

 En el segundo domingo del Tiempo de Navidad, el texto del Evangelio (San Juan 1,1-18) es el siguiente:  

"En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.

Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios.

Y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de Él y clama: «Éste era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado."

 


Presento el comentario realizado por el Rev. D. Ferran BLASI i Birbe (Barcelona, España), como homenaje póstumo (+ 1 de noviembre de 2021)

«Y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros,

y hemos contemplado su gloria»

 

Hoy, el Evangelio de Juan se nos presenta en una forma poética y parece ofrecernos, no solamente una introducción, sino también como una síntesis de todos los elementos presentes en este libro. Tiene un ritmo que lo hace solemne, con paralelismos, similitudes y repeticiones buscadas, y las grandes ideas trazan como diversos grandes círculos. El punto culminante de la exposición se encuentra justo en medio, con una afirmación que encaja perfectamente en este tiempo de Navidad: «Y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros» (Jn 1,14).

 El autor nos dice que Dios asumió la condición humana y se instaló entre nosotros. Y en estos días lo encontramos en el seno de una familia: ahora en Belén, y más adelante con ellos en el exilio de Egipto, y después en Nazaret.

Dios ha querido que su Hijo comparta nuestra vida, y —por eso— que transcurra por todas las etapas de la existencia: en el seno de la Madre, en el nacimiento y en su constante crecimiento (recién nacido, niño, adolescente y, por siempre, Jesús, el Salvador).

Y continúa: «Hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad» (Ibidem). También en estos primeros momentos, lo han cantado los ángeles: «Gloria a Dios en el cielo», «y paz en la tierra» (cf. Lc 2,14). Y, ahora, en el hecho de estar arropado por sus padres: en los pañales preparados por la Madre, en el amoroso ingenio de su padre —bueno y mañoso— que le ha preparado un lugar tan acogedor como ha podido, y en las manifestaciones de afecto de los pastores que van a adorarlo, y le hacen carantoñas y le llevan regalos.

He aquí cómo este fragmento del Evangelio nos ofrece la Palabra de Dios —que es toda su Sabiduría—. De la cual nos hace participar, nos proporciona la Vida en Dios, en un crecimiento sin límite, y también la Luz que nos hace ver todas las cosas del mundo en su verdadero valor, desde el punto de vista de Dios, con “visión sobrenatural”, con afectuosa gratitud hacia quien se ha dado enteramente a los hombres y mujeres del mundo, desde que apareció en este mundo como un Niño.

Cristo, rey del Universo y de mi corazón

 Hoy ha celebrado la Iglesia Universal la fiesta de Cristo Rey, la gran fiesta con la que finaliza el Año Litúrgico, por ello el Domingo siguiente será el Primer Domingo de Adviento.

A modo de reflexión, de examen ¿Optamos por seguir a Cristo en ese camino hasta su reino? Es probable que veamos en nuestro interior y en nuestras actitudes que no le seguimos bien pues nos cuesta entender su reinado.


En el Evangelio de hoy leemos el diálogo que mantuvieron Cristo y Pilato, pues este había percibido algo especial en Cristo, su fuerza interior. Cristo le dijo que su reino no es de este mundo pues si lo fuera su guardia lo habría liberado. A pesar de ello, Pilato no cambió, no hizo nada. Nosotros muchas veces también no hacemos nada por ser mejores, por ser santos, por cumplir aquellos propósitos que habíamos pensado para alcanzar una pequeña meta en nuestra entrega a Dios, como laicos.

No obstante, siempre estamos a tiempo de rectificar nuestros actos y nuestras intenciones. Recordemos que Cristo se despoja de todos sus atributos y acepta la Cruz, ese es su reinado, la lucha sin desfallecer contra la injusticia y el pecado, por eso nos cuesta tanto entenderlo.

No somos reyes ni poderosos (¡algunos sí!) pero todos tenemos una cuota de poder (en la familia, en el trabajo, etc.) ¿Cómo la usamos? También deberíamos despojarnos de algo: De nuestra soberbia y renovar ese sí a Cristo Rey.


EVANGELIO DEL DÍA DOMINGO 21 DE NOVIEMBRE DE 2021

Evangelio según Juan 18, 33-37

En aquel tiempo, preguntó Pilato a Jesús: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús le contestó: “¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?” Pilato le respondió: “¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?” Jesús le contestó: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí”.

Pilato le dijo: “¿Conque tú eres rey?” Jesús le contestó: “Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”.

Mi alma está triste hasta la muerte

 Jesús fue con sus discípulos a un huerto, llamado Getsemaní, y le dijo: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar». Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo». Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú». Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. (extracto del Evangelio según san Mateo 26, 36-40)


Antes de que prendieran a Jesús por intervención de Judas Iscariote, y después de la Última Cena ocurrió lo que hemos leído en el breve pasaje del Evangelio citado. En pocas horas se iban a suceder una serie de acontecimientos que Jesús ya sabía, y en ese presagio orando a su Padre Dios expresó, sudando sangre, Mi alma está triste hasta la muerte.

Aunque lo supiera, sufría: La negación de Judas, la negación de Pedro, el abandono de sus discípulos. Y se dejó hacer todo, no se le ahorró nada: La flagelación, las espinas y las burlas, la cruz a cuestas, cada clavo en la cruz y su martillazo, la salvación de las almas que tenía cerca, la entrega de su madre para nuestra protección y la expiación completa para darnos la vida eterna.

Con ello y por ello, esa Cruz diaria, la cruz que sufrimos cada día, podemos ofrecerla por amor y gloria de Dios, cooperando nosotros también en la salvación de las almas.

 

Ciento por uno

 Aquí no hay un cielo en la tierra, eso casi nunca, salvo en aquellos momentos en que nos sumamos al deleite de la Eucaristía que se alarga hasta la siguiente, si ponemos de nuestra parte. Cuando me levanto por la mañana y pienso qué mal está el mundo, es mejor pensar qué puedo hacer hoy de bien. 
Mi fruto, rico y sabroso, al gusto de Dios, ha de comenzar a mi alrededor, aunque sea pequeño, mi hogar, mi familia, pero puedo ampliarlo y pensar que puedo dar hasta el ciento por uno, como nos dice el Evangelio. Y retengo de la homilía: ¡Desatascar el oído para oír en el interior, en tu alma!

Con Cristo, la carga del devenir es más ligera


Seguir a Cristo, nuestro modelo verdadero, ni modas ni cantantes, ni falsos profetas ni políticos de pro, sólo Él es el camino.


Nos dice “Mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.

Se ha encarnado para que conociéramos al Padre. Ha venido a salvarnos, se abajó para aliviarnos en nuestros cansancios y agobios, “Y yo os daré la paz”.

El Evangelio también hace referencia al cansancio interior, fruto de ese pecado capital y, muy común, de la soberbia, motivo por el cual nos alejamos de Dios porque nos creemos superiores a los demás, y lo peor, superior a Dios.

 “Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón”.

Pertenecemos al pueblo de los hijos de Dios

  El Santo Padre León XIV ya está preparando su viaje apostólico a Francia los días del 25 al 28 de septiembre de 2026 que incluye París, el...