Amar a Dios porque te da la gana
Recientemente he celebrado mi cumpleaños y una de las felicitaciones que he recibido ha sido de una entidad bancaria. Me ha sorprendido el contenido y os lo voy a contar resulta que Hasta el día de hoy tu corazón ha latido 3 billones de veces, has viajado alrededor del sol más de 65874 millones de km. ¡Casi nada! En estos años también has vivido 146 eclipses solares.
No voy a comprobar estos datos, están bien como están, son esplendorosos. Pero me ha llevado a meditar ¿Cómo es que ocurren tantas cosas que se producen más allá de la voluntad humana?
Todo
eso ocurre por la intervención de Dios Todopoderoso, la primera de las verdades
de fe. Como dice el Génesis, el primero de los libros sagrados de la Biblia, Dios
creo al mundo. A lo largo de los tiempos, en la continuación de los libros
sagrados, Dios se Revela a sí mismo y leemos cómo Dios no nos abandona, Dios
no abandona a su pueblo. Y llegado el momento y lugar oportunos en su éxtasis,
a través del Espíritu Santo, la Virgen María concibió al su Hijo único.
Ese
Hijo Amado fue crucificado, muerto, sepultado y descendió a los infiernos, al tercer día resucitó entre los muertos para
la salvación de todos, pero que luego sólo serán muchos. Se quedó aquí en la
Tierra, como Dios Escondido en el Sagrario, para que podamos estar con
Él, hablarle, adorarle, suplicarle, amarle.
Mientras
tanto, la Tierra gira sobre sí misma y alrededor del sol, los astros se
encuentran, se eclipsan y se dan sombra o luz uno a otros. Y yo respiro y late
mi corazón.
Si
para tantas cosas tan importantes como el equilibrio del universo no es
necesario que pongamos el propio esfuerzo, para amar a Dios sí son necesarias
las potencias de la inteligencia y la voluntad. Se ama lo que se conoce, y para
amar se ha de ser libre para hacerlo, es decir, poner la propia voluntad simplemente
porque te da la gana.
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