Por los cristianos que han hablado alto y claro

 Jesús nace en el seno de una familia que es reflejo de la Santísima Trinidad, así nosotros formamos parte de la familia de Dios que es la Iglesia, y ella nos muestra así el amor entre los miembros. Por ello hemos de procurar asemejarnos a la sagrada familia de Nazaret, cada uno en su rol, en su papel, en la acción que Dios nos haya asignado antes de la creación del mundo. Y cuando se produce una tragedia en nuestras familias acudimos a Él para que nos consuele, nos cure las heridas del sacrificio cruento que vivimos, especialmente cuando nuestros seres queridos mueren trágicamente en un accidente ferroviario como el de Adamuz.

Y el mejor consuelo es participar en la Eucaristía presidida por la Cruz de Cristo y su madre de la Virgen Santísima. No es baladí, pues, que el rechazo a un funeral laico haya sido unánime por parte de las familias cristianas de Córdoba, Huelva y otros lugares de España. Pues el gran consuelo estriba en que creemos en la resurrección de los muertos y la vida eterna. Y no en una palabrería vacía con poesías de agnósticos y ateos que llevan a acrecentar el dolor y la exasperación.


Los comunistas y masones de este Gobierno español y de otros gobiernos locales no lo pueden entender y se esconden por temor a los abucheos que se merecen. Han de saber que el consuelo de Dios es infinito y no vale compararlo con nada.

Así que después de todo lo que hemos leído y han escrito en relación con las despedidas y funerales por los ya 46 muertos por la negligencia de un gobierno que España no debería tener, aplaudo la valentía de todos esos cristianos que han hablado alto y claro. 

Y pido nuevamente que sus muertos descansen en paz y las familias destrozadas de golpe sean aliviadas por los abrazos de la Virgen Santísima, que Ella ya está en cuerpo y alma en los cielos.

fotografía de La Sexta TV

Tragedia ferroviaria en España, a ponerse a rezar

Cuando se estudian los accidentes, es decir, aquello que rompe la normalidad, se califican de leves, menos graves, graves y muy graves. El muy grave es con final de pérdidas humanas y/o destrucción del material. Esta es la calificación clásica y mundialmente utilizada. Sin embargo, el ministro de Transportes español ha calificado de accidente extraño la tragedia ferroviaria ocurrida ayer domingo a las 19’50 en Córdoba, cerca de Adamuz (España).


Es una absoluta memez considerar extraño un accidente cuyo resultado es de más de 39 muertos, un número indeterminado de desaparecidos, más de un centenar de heridos, con una docena en la UCI, que ha afectado a personas de diferente edad y condición y destrucción total de los trenes y de las vías.  Las imágenes, los viajeros que han podido hablar y dar su testimonio, los vecinos de Adamuz, su alcalde, la Guardia Civil, todos los servicios de emergencias y policiales nunca podrán decir que ha sido extraño, como si se tratara del aterrizaje de una nave de a saber de dónde venía.

Ya se ha dicho al mediodía de hoy 19 de enero de 2026 en los medios de comunicación de que los expertos apuntan a que no se trata de un fallo humano ni mecánico de los trenes sino de las vías, de las que tanto alardea el ministro que estaban en perfecto estado. Y lo peor, existen precedentes de denuncias en mal estado de las vías desde años.

Mucha tontería, falta de humildad o abundante soberbia se posee cuando se califica esta tragedia de algo extraño.   


Ahora, con serenidad, los que vivimos lejos de estos compatriotas que sufren, que lloran, que van a enterrar a sus muertos cuando sepan si son sus parientes, los que trabajan por el bien de todos ellos, personal sanitario y de otros servicios públicos y policiales, los gruistas que harán lo posible para levantar el amasijo de hierro y de otros materiales en los que se han convertido los trenes, vecinos, el personal del Instituto Anatómico Forense, periodistas y personal de las cadenas de comunicación, etc. por todos ellos propongo que recemos, mucho o poco, lo que cada uno sepa. Y que a los muertos Dios los asista y tenga misericordia de ellos.

Dicen que el país está de luto por tres días, poco parece por el dolor de tantas familias rotas y angustiadas ¡acogeros al manto de la Virgen María! la que vuestra devoción os mueva.

 

 

San Antonio Abad, patrón de los animales

Muchísimas personas gozan de la compañía de mascotas. Algunos de sus propietarios se plantean que a la muerte del animal deben tener un funeral en toda regla y en menos casos quieren un funeral religioso. Esta cuestión se ha formulado ante la Santa Sede en varias ocasiones. En una ocasión el Papa Francisco se lamentó de que muchas familias substituyeran a los hijos por los perros o gatos, no obstante, también aclaró que hay que respetar a los animales y a la creación. En esta sintonía se orienta la Iglesia actualmente pero no existe ningún rito funeral para animales en la Iglesia Católica.

Es propio aclarar que hay filosofías y creencias diferentes a nuestra religión católica (que es seguir a Jesucristo) que sostienen adoración a algunos animales y respeto y otros que no los pueden matar (elefantes, vacas, etc.) o en otro orden sostienen que ciertos animales les pueden proporcionar suerte o desgracia. En cualquier caso, no se puede pedir a un sacerdote o diácono católico que realice un funeral con rito católico a un animal muerto porque los animales no poseen alma espiritual la cual solo la poseemos los seres humanos que hemos sido creados por Dios a su imagen y semejanza.

Cuando consultamos en la IA nos dice que el alma de los perros es equivalente a la acción vital que tienen, pero esto no es lo mismo que el alma espiritual de los seres humanos. La Iglesia lo que nos pide es que cuidemos de la casa común, de sus criaturas y creaturas.

Así que estos propietarios y propietarias de mascotas pueden celebrar la ceremonia que deseen en su casa o en cualquier otro lugar, invitando amigos y familiares para recordar a esta mascota que les hizo tan feliz. Además, hay cementerios o lugares donde se entierran o se incineran los animales, cosa de la que informan las clínicas veterinarias.

Otra cosa son las bendiciones tradicionales a los animales que, en la festividad de San Antonio Abad, el día 17 de enero, se imparten en algunas parroquias, pero fuera de los templos, por ejemplo, en los atrios y jardines. Antes era a los burros, caballos, cerdos o a animales de labranza en general, ahora más a las mascotas, gatos, perros, periquitos, etc. para que ayuden a sus propietarios a hacer el bien.

Os recomiendo la lectura del artículo de Vatican News sobre el santo.

San Antonio Abad

Foto de cuadro del Museo del Prado, Madrid

¡Bienvenido Santo Padre León XIV a Barcelona!

 Sea bienvenido a esta tierra nuestra de España tan variada en regiones y lenguas que sigue siendo maravillosa por sus grandes contrastes de...