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Odio, profanación y vandalismo

 

Los actos de profanación que se producen constantemente y con más ahínco en tiempos de guerras y de odio, como ahora, obliga a que los fieles católicos desagraviemos ante el Señor todas las ofensas que generan personas que han cedido a las tentaciones del maligno. La conducta pertinaz de romper y tirar por el barranco las cruces que coronan algunas montañas ha sido noticia durante los meses de invierno y primavera, por poner un ejemplo.

Ahora es noticia desgraciadamente la profanación del Santuario de la Virgen de Medjugorje. El Vandalismo fue grabado por las cámaras del propio santuario. Primero el altar exterior de la Iglesia de San José y luego la imagen de la Virgen María. Ocurrió hace tres días y ¡Gracias a Dios! Todo está limpio y restaurado para el culto. En dicha labor también han colaborado voluntarios.

Aunque parezca que no ha pasado nada, para los católicos un Santuario de la Virgen es un lugar sagrado. Allí, en Medjugorje, desde sus inicios, se producen encuentros con la Verdad, conversiones y muchísimas confesiones. Llegan peregrinos de diferentes partes del mundo a Bosnia, todos o en su mayoría regresan a sus casas renovados espiritualmente.

Por ello es necesario hacer actos de desagravio pidiendo perdón al Señor por las ofensas que estos actos vandálicos han supuesto, y a ser posible aumentar la oración y las pequeñas mortificaciones habituales, como ayunos, no quejarse, ayudar a los demás, cuidar de la familia, entre otros actos que agradan a Dios.

Desde el santuario se pide que no publiquemos las imágenes para no dar pábulo o importancia a los autores. Por ello publicamos una foto general.

Foto Vatican News

El Pontífice invita a las familias a no dejar solos a los ancianos y anima «a los voluntarios» a comprometerse para «llevar humanidad y esperanza a quienes sufren»

En tiempos de vacaciones, descansos, calendarios y horarios diferentes a la bendita rutina puede venirnos a la cabeza la duda de qué hacer con los abuelos y bisabuelos. Nos puede ayudar a engrandar el corazón las últimas palabras pronunciadas ayer por el Papa León XIV en relación con este tema.

Reproduzco íntegramente la noticia publicada por Vatican News el día 22 de julio de 2026.

 

León XIV: el verano, un tiempo para vivir el Evangelio de la paz y de la misericordia

El Papa responde a un lector de la revista Piazza San Pietro, quien le pregunta cómo vivir las vacaciones no solo como «un paréntesis de la rutina cotidiana», sino como un camino espiritual dentro de la propia vida de fe, y exhorta a hacer de este tiempo una experiencia de fraternidad y comunión. También dirige su pensamiento a quienes no pueden disfrutar siquiera de «un breve período de descanso» y recomienda que, «durante las vacaciones», se eviten «los excesos y el despilfarro».

Vatican News

Que las vacaciones sean «un espacio de pausa respecto a las ocupaciones y preocupaciones, en el que sea posible vivir auténticas experiencias de amistad y de compartir», para «experimentar un anticipo de esa fraternidad y comunión que podemos vivir y viviremos en el Reino de Dios». Ese es el deseo que expresa León XIV al responder a la carta que le envió Maurizio, desde Roma, publicada en el número de julio y agosto de la revista Piazza San Pietro.

El lector, agradecido al Papa «por su constante e incansable compromiso en el guiarnos a los fieles con palabras de paz, esperanza y luz en este tiempo de gran inestabilidad entre los pueblos», marcado por «el recrudecimiento de los conflictos», reflexiona sobre «el significado de la fe en la vida cotidiana» y sobre cómo «alimentar una espiritualidad más consciente y más auténtica», capaz de «traducirse en gestos concretos» hacia «los demás». Asimismo, pide al Pontífice un consejo «sobre cómo vivir este tiempo de verano para que se convierta también en un camino espiritual y no solamente en un paréntesis de la rutina diaria».


«Para hacer crecer nuestra fe», responde León XIV, es necesario «aprovechar también el tiempo del verano para vivir el Evangelio de la paz y de la misericordia».

No olvidar a los más frágiles

Al reflexionar sobre este tiempo de vacaciones, el Papa dirige ante todo su pensamiento a «los pobres» y a «todos aquellos que no pueden disfrutar ni siquiera de un breve período de descanso, porque están aplastados por el peso de dificultades de todo tipo»; a «los enfermos, a las personas que han perdido la confianza en la vida»; a quienes están devastados «por el dolor de la pérdida de sus seres queridos»; a «las víctimas de las guerras, del odio, del terrorismo y de la violencia»; así como a «los perseguidos por causa de la fe y de la justicia, los presos, quienes han perdido el trabajo o el hogar y los migrantes que no son acogidos con humanidad».

Después desea «a los cristianos» que el período estival pueda ser «una oportunidad para vivir experiencias sociales y religiosas fructíferas, profundizando en la misión dentro de la Iglesia y de la sociedad».  «Que a los enfermos no les falte durante estos meses de verano la cercanía de sus familiares y de los voluntarios», continúa, expresando el deseo de que haya quienes decidan «dedicar una parte de sus vacaciones a un compromiso fraterno de solidaridad».

En su respuesta, el Pontífice también invita a las familias a no dejar solos a los ancianos y anima «a los voluntarios» a comprometerse para «llevar humanidad y esperanza a quienes sufren». «Verán los frutos de la gracia» y comprobarán cuánto «amor», «alegría» y «felicidad» llenarán «sus vidas», añade, explicando además que es un «privilegio» sostener «a los pobres» y dar testimonio «de la pobreza evangélica. Este es un servicio que prestamos al mismo Cristo».

Recomendaciones para las vacaciones

León XIV recomienda también que, «durante las vacaciones», se eviten «los excesos y el despilfarro, el materialismo y el consumismo», y de educarse «a la sobriedad». Recuerda «que la acumulación de bienes dificulta la evangelización» y exhorta a vivir con coherencia «un estilo de vida cristiano».

«El amor y la gracia de Dios nos alcanzan cada día, siempre», asegura, alentando la ayuda mutua «en cada comunidad», para que no se pierda «este valioso patrimonio de humanidad y de paz, la única esperanza para dar un futuro al mundo amenazado por la guerra», un mundo que no podrá ser salvado por «el poder terrenal», sino únicamente por «el poder divino del amor de Jesús».

Pertenecemos al pueblo de los hijos de Dios

 El Santo Padre León XIV ya está preparando su viaje apostólico a Francia los días del 25 al 28 de septiembre de 2026 que incluye París, el santuario de Lourdes y Metz. Y nosotros todavía seguimos pensando, reflexionando y rezando los contenidos y las formas de los mensajes, discursos y homilías que nos ha dejado para siempre, escritos y en imágenes. Nada se lo ha llevado el viento. En unos corazones ha calado mucho y en otros aunque poco o nada, la evangelización de la Palabra de Dios nunca se queda en un saco roto.


A modo de reflexión personal, creo que el Santo Padre nos ha hablado de la Dignidad Humana ampliamente, sobre la Cultura de la Vida y el amor a ella; la Iglesia  Católica y su cuerpo místico que la formamos los hijos de Dios por el Bautismo y en Jesucristo y la unión con Ella; el amor a Nuestra Señora, la Virgen Santísima, madre de Dios y madre nuestra; el mandamiento de la Caridad con los desfavorecidos, los migrantes, los pobres en el amor de Dios y los pobres en lo material; y en el reconocimiento de la Santa Eucaristía en el Cuerpo de Cristo, todo ello por señalar solo algunos temas.

Todos los que creemos en estas verdades de fe pertenecemos al pueblo de los hijos de Dios. Nuestro sentido de pertenencia básico es este. Hemos nacido en el seno de una familia, el núcleo natural de la sociedad, donde sea y como fuere dicha familia, y pertenecemos a ella, nos gusten o no nuestros padres o nos gusten o no nuestros hermanos y hermanas, pues no se trata de si me apetece tener ese padre o esa madre, sino que son esos de los que provienes por la voluntad de Dios. Pertenecemos a la sociedad en la que vivimos en el país donde hemos nacido, con independencia de fronteras y políticos, y si echas raíces en otro a él vas a pertenecer sin olvidar tu origen. Es como pertenecer a un club de fútbol o a otro, los colores de tu equipo te dan esa pertenencia local.


Es decir, el sentido de pertenencia es muy importante tenerlo claro para sobrevivir a tanto ir y venir, y a tanta información y desinformación. Somos libres para tomar nuestras decisiones pero sin perder de vista nuestro sentido de pertenencia, sanando el pasado, esperanzados en el futuro y con los pies en el presente.

Hemos sido dos millones de personas las que hemos estado en diferentes puntos de España siguiendo al Papa y emocionándonos con tantos bebés que bendecía continuamente en todos los lugares por donde pisaba. Ahora ya seguimos con nuestras rutinas pero nuestro corazón sigue conmovido y no deberíamos abandonarlo al olvido.


Fotos Isabelita, interior de la Basílica de la Sagrada Familia, 10 de junio de 2026 en la santa misa con el Papa.

El Catecismo de la Iglesia Católica describe el derecho a la legítima defensa

 El mandamiento nuevo que instituyó Jesucristo en la Última Cena del Jueves Santo fue el de la Caridad, que nos amemos unos a otros, incluso a los enemigos. Por ello el Santo Padre León XIV promueve el diálogo entre los opuestos. En la familia, entre los vecinos, las regiones, los países y naciones se ha promover la Caridad porque Dios es Amor, el amor por antonomasia. Habrá uno o muchos a quienes no le guste este Santo Padre porque lo que promueve es el diálogo para la paz, pero no solo una simple paz en el mundo, sino esa Paz de Cristo que nos invita al diálogo, a veces intenso, para evitar que nos matemos unos con otros.


Realmente es dificilísimo un diálogo fructífero para llegar a una paz verdadera, y no solo estoy pensando en estas guerras con los terroristas islámicos de varios países, que no quieren hablar sino borrar del mapa a los judíos y a los cristianos, sino dentro de nuestras familias para extender el amor a los demás.

Pero que no espere nadie que este Papa se doblegue ante acusaciones sórdidas, ni la mayoría de los católicos practicantes que piensan igual que el Santo Padre.

Sin embargo es importante destacar que los católicos tenemos el derecho a defendernos ante cualquier ataque. El católico puede ser un tonto o un estúpido pero no por ser católico sino por otros factores. En el Catecismo de la Iglesia Católica describe el derecho de defensa de la siguiente manera en los puntos 2263, 2264 y 2265:

 La legítima defensa

2263 La legítima defensa de las personas y las sociedades no es una excepción a la prohibición de la muerte del inocente que constituye el homicidio voluntario. “La acción de defenderse [...] puede entrañar un doble efecto: el uno es la conservación de la propia vida; el otro, la muerte del agresor” (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 64, a. 7). “Nada impide que un solo acto tenga dos efectos, de los que uno sólo es querido, sin embargo el otro está más allá de la intención” (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 64, a. 7).

2264 El amor a sí mismo constituye un principio fundamental de la moralidad. Es, por tanto, legítimo hacer respetar el propio derecho a la vida. El que defiende su vida no es culpable de homicidio, incluso cuando se ve obligado a asestar a su agresor un golpe mortal:

«Si para defenderse se ejerce una violencia mayor que la necesaria, se trataría de una acción ilícita. Pero si se rechaza la violencia en forma mesurada, la acción sería lícita [...] y no es necesario para la salvación que se omita este acto de protección mesurada a fin de evitar matar al otro, pues es mayor la obligación que se tiene de velar por la propia vida que por la de otro» (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 64, a. 7).


2265 La legítima defensa puede ser no solamente un derecho, sino un deber grave, para el que es responsable de la vida de otro. La defensa del bien común exige colocar al agresor en la situación de no poder causar prejuicio. Por este motivo, los que tienen autoridad legítima tienen también el derecho de rechazar, incluso con el uso de las armas, a los agresores de la sociedad civil confiada a su responsabilidad.

 El Catecismo de la Iglesia Católica es un libro formativo, performativo, interesante y un bets seller editorial. Está cerca el Día del Libro, el día que se celebra Sant Jordi o el día que murió Miguel de Cervantes y otros grandes escritores, por ello es una buena idea comprarlo, es un libro para toda la vida.

Catecismo de la Iglesia Católica

foto del barco BBC News

Tragedia ferroviaria en España, a ponerse a rezar

Cuando se estudian los accidentes, es decir, aquello que rompe la normalidad, se califican de leves, menos graves, graves y muy graves. El muy grave es con final de pérdidas humanas y/o destrucción del material. Esta es la calificación clásica y mundialmente utilizada. Sin embargo, el ministro de Transportes español ha calificado de accidente extraño la tragedia ferroviaria ocurrida ayer domingo a las 19’50 en Córdoba, cerca de Adamuz (España).


Es una absoluta memez considerar extraño un accidente cuyo resultado es de más de 39 muertos, un número indeterminado de desaparecidos, más de un centenar de heridos, con una docena en la UCI, que ha afectado a personas de diferente edad y condición y destrucción total de los trenes y de las vías.  Las imágenes, los viajeros que han podido hablar y dar su testimonio, los vecinos de Adamuz, su alcalde, la Guardia Civil, todos los servicios de emergencias y policiales nunca podrán decir que ha sido extraño, como si se tratara del aterrizaje de una nave de a saber de dónde venía.

Ya se ha dicho al mediodía de hoy 19 de enero de 2026 en los medios de comunicación de que los expertos apuntan a que no se trata de un fallo humano ni mecánico de los trenes sino de las vías, de las que tanto alardea el ministro que estaban en perfecto estado. Y lo peor, existen precedentes de denuncias en mal estado de las vías desde años.

Mucha tontería, falta de humildad o abundante soberbia se posee cuando se califica esta tragedia de algo extraño.   


Ahora, con serenidad, los que vivimos lejos de estos compatriotas que sufren, que lloran, que van a enterrar a sus muertos cuando sepan si son sus parientes, los que trabajan por el bien de todos ellos, personal sanitario y de otros servicios públicos y policiales, los gruistas que harán lo posible para levantar el amasijo de hierro y de otros materiales en los que se han convertido los trenes, vecinos, el personal del Instituto Anatómico Forense, periodistas y personal de las cadenas de comunicación, etc. por todos ellos propongo que recemos, mucho o poco, lo que cada uno sepa. Y que a los muertos Dios los asista y tenga misericordia de ellos.

Dicen que el país está de luto por tres días, poco parece por el dolor de tantas familias rotas y angustiadas ¡acogeros al manto de la Virgen María! la que vuestra devoción os mueva.

 

 

Odio, profanación y vandalismo

  Los actos de profanación que se producen constantemente y con más ahínco en tiempos de guerras y de odio, como ahora, obliga a que los fie...