El arte de la oración

En una ocasión, san Juan Pablo II nos confiaba: «Si el cristianismo ha de distinguirse en nuestro tiempo, sobre todo, por el arte de la oración, ¿Cómo no sentir una renovada necesidad de estar largos ratos en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor, ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento? ¡Cuántas veces, mis queridos hermanos y hermanas, he hecho esta experiencia y en ella he encontrado fuerza, consuelo y apoyo!».

Seguramente, todos nosotros buscamos y queremos amar a Dios Padre con todas nuestras fuerzas. De ahí que procuremos ejercitarnos en el arte de la oración. Para ello, necesitaremos poner en acto las potencias del alma: la inteligencia y la voluntad, la memoria, la imaginación y los sentimientos. El Señor se sirve de ellas como cauces para entrar en diálogo con nosotros.



Por experiencia sabemos que no hay dos ratos de oración iguales. Es posible que alguna vez hayamos intentado encontrar un método para que nuestra oración sea más fluida o, al menos, que nos salga con más facilidad. Hasta que descubrimos que no hay métodos para hacer oración. La oración es un arte, es decir, hay que saber acudir al Espíritu Santo y dejarle actuar. Él es fuente de continua novedad; Él es quien toma la iniciativa y actúa en nuestra inteligencia, voluntad, imaginación y sentimientos.

La acción del Espíritu Santo, no obstante, de manera habitual cuenta con nuestro esfuerzo para entablar el diálogo de la oración. Habrá momentos en los cuales no nos será fácil orar con fluidez y con la imaginación y los sentimientos activos. En estos momentos podemos recurrir a los actos de fe y de amor, a las jaculatorias, a la Sagrada Escritura, a textos de la liturgia o de autores espirituales, o simplemente lo miraremos y contemplaremos presente en el Sagrario o en nuestra alma en gracia. El deseo de estar a solas con Él ya es diálogo que transforma.

En algunas ocasiones irrumpirán luces y afectos que darán fluidez a la oración y nos ayudarán a percibir la presencia de Dios. Aprovechémoslos y demos gracias a Dios.

Mn. Xavier Argelich

Festividad de San Juan Pablo II, 22 de octubre

Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo. Las Témporas

El relato de la Creación del mundo que podemos leer en el Primer libro de la Biblia, llamado Génesis, nos explica a modo humano como surge de la Nada, de las manos de Dios, el mundo que conocemos y que en nada se contrapone al Bing Bang ni a otras propuestas científicas del nacimiento del universo, pues fe y razón, o razón y fe, para que sean certeras han de ir juntas.

El caso es que, en esos primeros puntos, el autor que lo escribió por revelación divina, distingue el paso de los días, de la mañana y la noche, del día y de la tarde, y viendo que era bueno, descansó. Es decir, Dios no solo creó la naturaleza en toda su extensión, al hombre y a la mujer, sino que también creó el tiempo, el paso de las horas, de los minutos. Y el ser humano se ha adaptado a ese tiempo viendo las estrellas, la naturaleza, y poniendo nombre a esos cambios en la temperatura, en los vientos, las lluvias y las nieves que los ha llamado estaciones.

En nuestra era, la que contamos desde el nacimiento de Jesús hasta nuestro tiempo, la Iglesia Universal ha propuesto diferentes maneras de celebrar estos cambios naturales de las estaciones, y lo ha hecho celebrando LAS TÉMPORAS dando gracias a Dios por todo lo acontecido. Años atrás, se celebraban misas en los cuatro solsticios. Ahora se celebra solo una témpora que coincide con el final del verano y el principio del otoño, cuando todo está cosechado y se deja el campo tranquilo para que la tierra se prepare para la próxima siembra. La Industria Primaria sigue siendo importante en la vida de todos.

En este 2024, las Témporas de petición y de acción de gracias a Dios se celebró el pasado sábado 5 de octubre. Y mientras la tierra descansa y los animales se retiran a los establos, se inician los cursos de los colegios, las universidades y otros centros de estudios, las parroquias emprenden sus trabajos pastorales, las empresas apuran sus trabajos para acabar el año y ya se preparan los nuevos proyectos para el año que viene, y así todos y todo sigue su curso en el tiempo. Pues el Señor es el amo del tiempo.

Siempre hemos de dar gracias a Dios por todo lo bueno y por aquello que creemos que no lo es tanto.

Para ilustrar lo comentado cito el punto 3 del Libro Sapiencial Eclesiastés que dice:

Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: 2Tiempo de nacer, tiempo de morir; | tiempo de plantar, tiempo de arrancar; 3tiempo de matar, tiempo de sanar; | tiempo de destruir, tiempo de construir; 4tiempo de llorar, tiempo de reír; | tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar; 5tiempo de arrojar piedras, tiempo de recogerlas; | tiempo de abrazar, tiempo de desprenderse; 6tiempo de buscar, tiempo de perder; | tiempo de guardar, tiempo de arrojar; 7tiempo de rasgar, tiempo de coser; | tiempo de callar, tiempo de hablar; 8tiempo de amar, tiempo de odiar; | tiempo de guerra, tiempo de paz.

La iluminación de las conciencias

 Recientemente se ha estrenado en diferentes ciudades de España la película o docudrama llamada EL GRAN AVISO, de noventa minutos de duración y producida en Méjico. El subtítulo es Todo será revelado.

A las personas de formación católica nos gustan estos films porque son divulgativos de nuestra fe centrada en Jesucristo.  El título llama la atención pues en los textos sagrados bíblicos podemos leer las profecías no solo de la primera venida de Jesucristo el Mesías, sino también del fin del mundo, como es el caso del último libro del Nuevo Testamento el Apocalipsis. Por lo tanto, para las personas de fe, esta película nos resulta interesante y muy recomendable también para las personas que van en camino de conversión hacia Dios, en su Santísima Trinidad.


Me habían referido que esta película trataba del fin del mundo, pero, a mi modo de ver, no llega tan lejos pues no sabemos cuándo se producirá. Además, se han editado muchas películas catastróficas. El contenido del film es la exposición por sus propios protagonistas de sus conversiones. Aparentemente por la vida que llevaban, estaban condenadas al rechinar de dientes del infierno. Sin embargo, en el relato de sus vidas interpretadas por diferentes actores, sorprende el amor de Dios y cómo sale al encuentro de estas almas. Téngase en cuenta que estas personas en algún momento de su vida tuvieron visiones particulares muy importantes. La visión del demonio es espeluznante, y el acercamiento de Jesucristo es precioso.

La película a su vez, presenta el infierno visto por Santa María Faustina Kowalska. Y la revelación de la iluminación de las conciencias al mismo tiempo en todo el planeta, momento en cada uno de los hombres y mujeres del mundo verá su pasado y su presente, especialmente todo aquello que significó una ofensa a Dios y el mal hecho al prójimo. A continuación, Dios da tiempo para el arrepentimiento.

Aunque en la película no se hace referencia, cabe recordar las apariciones marianas de Garabandal. Se trata de una serie de apariciones de la Virgen María que se afirma que tuvieron lugar entre 1961 y 1965, a cuatro niñas de la localidad de San Sebastián de Garabandal, ubicada en el municipio de Rionansa (Cantabria, España). Los que han estudiado sus mensajes consideran que el aviso de la Virgen María de Garabandal es la iluminación de las conciencias. No obstante, de estas apariciones todavía no hay aprobación ni rechazo por parte de la Santa Sede de Roma.

En definitiva, después del relato de las conversiones y la iluminación de las conciencias, la esperanza no está perdida, pues culmina el film con la invitación a estar preparado para la segunda venida de Jesucristo, es decir el final del mundo, y para ello el sacramento de la confesión, el de la reconciliación con Dios, es el camino adecuado.

¡Todos con el Papa!