El funeral del Papa Francisco, el de un pastor y no de un soberano

 Con el corazón en Roma me dispongo a seguir en directo, como millones de personas del planeta, el funeral del Santo Padre Francisco que murió a las 7.35 de la mañana del lunes de pascua, el 21 de abril de 2025. 

Estamos viendo como los representantes de las 140 delegaciones de los países donde están repartidos los 1400 millones católicos por el mundo han dado su último adiós saliendo de la Basílica de San Pedro hacia el exterior lugar en el cual se celebrarán las exequias papales. La Iglesia con las exequias celebra también la Resurrección de Cristo y de los muertos, siendo en esta fecha la octava de Pascua, el 26 de abril de 2025.

El séquito de cardenales ya ha empezado su recorrido dentro de la basílica, los sediarios pontificios llevan a hombros el féretro del Papa Francisco para trasladarlo al atrio de la basílica vaticana, sin cantos ni música, en oración, en silencio, aunque se oyen los aplausos del exterior. Una vez fuera, el coro entona el canto de entrada de la misa Dale Señor el descanso eterno y la luz perpetua le ilumine. Todo está dispuesto, la vista aérea nos permite ver como los fieles ocupan toda la plaza de San Pedro y más allá del obelisco en la Via della Conciliazione de unos 500 metros de largo.

En el atrio han situado a los obispos, los cardenales, así como a los patriarcas orientales católicos. En la explanada, a los miles de sacerdotes y diáconos. Todos ellos revestidos de rojo, propio de mártires, en una celebración única. En el otro lado del atrio, a los representantes de las delegaciones de países. Preside la celebración eucarística el Decano del Consejo Cardenalicio, Cardenal Giovanni Batista. El ritual de la misa se dice en latín, idioma vehicular de la Iglesia Católica. La liturgia de la palabra es así: la primera lectura en inglés, la segunda en español, el salmo y el evangelio en latín, y la homilía en italiano, que fue una glosa a los aspectos más importantes del papado de Francisco, sus viajes, sus textos, todo su legado de gestos en pro de los más necesitados. Las plegarias se rezan en diversos idiomas.

La despedida del difunto

Sigue la santa misa por sus cánones habituales. Una vez distribuida la comunión entre todos los asistentes, se inicia la parte final de las exequias llamada La última recomendación y despedida del difunto, en la que se cantan las letanías de los santos, incluyendo a los santos padres del siglo XX. Los hermanos cristianos de los ritos orientales, representados por los patriarcas orientales, inciensan el féretro y cantan los cantos propios de su rito para las exequias. A continuación, el cardenal que ha presidido la santa misa inciensa de nuevo el féretro de Francisco, en el que se puso al inicio de la misa el libro del Evangelio, y que con el capricho del viento va pasando sus páginas. Suenan ya las 12 horas de este mediodía soleado en Roma. Concluye así la celebración exequial del Papa Francisco, Que te acoja el coro de los ángeles.

Los fieles prorrumpen en aplausos y los cardenales abandonan el atrio hacia la basílica. Mientras se prosigue el séquito de presbíteros y de las personas que más lo han asistido, los catorce sediarios pontificios elevan el féretro inclinándolo en señal de su último saludo y lo trasladan al interior de la Basílica de San Pedro, para seguidamente ser trasladado a la Basílica de Santa María la Mayor, donde expresamente ha querido ser enterrado, al igual que otros siete papas que allí reposan. Las campanas de San Pedro suenan constantemente.


El traslado del Papa Francisco

El trayecto desde San Pedro hasta Santa María la Mayor es de 5km. El cortejo del papamóvil circula inicialmente a diez km. por hora de forma que los numerosos fieles y peregrinos que desde primera hora de la mañana están situados a lo largo de todo el recorrido hasta la basílica, puedan ver bien el papamóvil, no obstante, después han acelerado la marcha. La lápida está preparada y Francisco será enterrado dónde él eligió: en una pequeña habitación donde se guardaban los candelabros de la basílica, detrás del monumento de la paz. El cortejo fúnebre se ha iniciado a las 12.30h después de abandonar por última vez San Pedro. 

La vista aérea permite participar como un peregrino más de todos aquellos lugares turísticos de Roma. Téngase en cuenta que Roma alberga monumentos históricos de muchos siglos de esplendor, tanto religiosos, como políticos y culturales. Todos los peregrinos con los brazos en alto con el teléfono encendido graban ese momento en el que cada uno ve el papamóvil. Es impresionante comprobar la presencia de los miles de personas que se agolpan y llenan las calles romanas en un recorrido larguísimo, y que por razones obvias esos peregrinos no pueden ser los mismos que estaban en la plaza de San Pedro y de sus aledaños.

La recepción en la Basílica de Santa María la Mayor

Media hora ha durado el traslado. Son las 13h y resuenan las campanas de la basílica y nos enfocan a la Salus Populi Romani, un cuadro de la Virgen con el Niño a la que tenía mucha devoción el papa Francisco, habiéndola visitado 162 veces en su pontificado.  A la vez, esta Virgen es la patrona de Roma. Los portadores del féretro hacen una parada ante ella, que está situada en la Capilla Paolina. El momento del enterramiento es privado según expreso deseo de Francisco y es dirigido por el Cardenal camarlengo.

Descanse en paz.

 Las fotos copiadas de la publicación digital La Vanguardia.

Explorar el mapa de las sedes jubilares españolas

En el sitio web de la Conferencia Episcopal Española alberga muchísima información sobre el Jubileo de la Esperanza 2025. Es interesante el mapa de localización de las sedes jubilares de España. Es muy fácil de acceder a la información. Vas con el cursor a la diócesis que te interesa y aparece la lista de los templos, tanto las basílicas como las otras iglesias que se han establecido así con el fin de facilitar que físicamente atravesemos una puerta santa jubilar allí donde vivamos, o bien si nos desplazamos de vacaciones, turismo o sobre todo de peregrinación que es lo que sugiere la convocatoria jubilar.


Hay quien puede acumular en su mochila jubilar numerosas indulgencias ganadas en los jubileos que vaya participando a título personal o en grupo, como por ejemplo aquellas personas que tengan por costumbre a acudir a aquel templo muy a menudo para asistir a misa. Sin embargo, hay que recordar que para ganar las indulgencias se ha de acudir en las debidas condiciones espirituales de siempre y atravesar la puerta santa con esa intención.

Por otra parte, las cuentas de las indulgencias las lleva Dios, y no somos nosotros los que decidimos quien o quienes recibirán esa gracia indulgente para salir del purgatorio. En el mismo sentido, cuando pidamos por nosotros mismos, siempre es Dios quien reparte.  La justicia divina es muy diferente a la humana. La divina es una justicia perfecta pues es el Señor quién lo sabe todo, pues como dice el salmo 138:

1Yahvé, tú me sondeas y me conoces.2 Me conoces cuando me siento o me levanto, | de lejos penetras mis pensamientos;3 distingues mi camino y mi descanso, | todas mis sendas te son familiares.4 No ha llegado la palabra a mi lengua, | y ya, Yahvé, te la sabes toda.5 Me estrechas detrás y delante, | me cubres con tu palma.6 Tanto saber me sobrepasa, | es sublime, y no lo abarco.7 ¿Adónde iré lejos de tu aliento, | adónde escaparé de tu mirada?8 Si escalo el cielo, allí estás tú; | si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;9 si vuelo hasta el margen de la aurora, | si emigro hasta el confín del mar,10 allí me alcanzará tu izquierda, | me agarrará tu derecha.11 Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra, que la luz se haga noche en torno a mí»,12 ni la tiniebla es oscura para ti, | la noche es clara como el día, la tiniebla es como luz para ti.13 Tú has plasmado mis entrañas, | me has tejido en el seno materno.14 Te doy gracias porque me has plasmado portentosamente, porque son admirables tus obras: | mi alma lo reconoce agradecida,15 no desconocías mis huesos. |Cuando, en lo oculto, me ibas formando, | y entretejiendo en lo profundo de la tierra,16 tus ojos veían mi ser aún informe, todos mis días estaban escritos en tu libro, estaban calculados antes que llegase el primero.17 ¡Qué incomparables encuentro tus designios, Dios mío ¡qué inmenso es su conjunto!18 Si me pongo a contarlos, son más que arena; si los doy por terminados, aún me quedas tú.

El mapa de las sedes jubilares de España

(foto de la Catedral de Barbastro (Huesca)


El triunfo del amor y de la esperanza

Transcurrido el tiempo cuaresmal nos introducimos en el triduo pascual y en el tiempo pascual. El camino cuaresmal culmina en la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Tal como nos lo recuerda el apóstol san Juan: “habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo” En pocas palabras el apóstol nos presenta con gran belleza y profundidad  lo que sucederá a continuación: El Verbo encarnado se entrega libremente, por amor, a la muerte en rescate de la humanidad, para luego llenarnos de esperanza y alegría con su resurrección. Ha triunfado el amor de Dios y nos llena de esperanza para que también nosotros podamos recorrer el camino que nos conduce hasta la felicidad plena, hasta Él, Dios y hombre verdadero.


Al revivir una vez más la agonía en el huerto de los Olivos, el prendimiento, la injusta acusación, el proceso ante Pilato, el camino al Calvario, su muerte y sepultura, nos sentimos impulsados a acompañarlo de cerca, a esforzarnos por vivir más atento a sus requerimientos, es decir, a evitar el pecado y buscar hacer el bien. La contemplación de la Pasión de Señor nos ayuda a desprendernos de nuestras soberbias y egoísmos para poder vivir más en Él y por Él. De esta manera, nuestra vida cobrará renovado vigor, querremos amar más, de verdad, entregándonos al servicio de Dios, de su Iglesia y de los demás. Nos entusiasmaremos con recorrer, por amor, el camino de la Cruz que es el camino de Cristo y del cristiano.

Ese camino culmina en la alegría de la Resurrección, donde todo es luz, esperanza y amor. Es el triunfo del amor y de la esperanza. La resurrección de Cristo ilumina y llena de vida toda nuestra existencia, todo lo que hacemos y somos. Ante esta gran Verdad, no podemos quedar pasivos y mudos. Nos lleva a anunciarlo continuamente y llevar este anuncio a todos los sitios. Cristo ha vencido y nos ha obtenido la vida eterna. Por eso, el cristiano que vive de fe, esperanza y amor nunca fracasa, siempre triunfa, su vida tiene sentido e ilumina a los demás. Si contemplamos la actitud de la Virgen María al pie de la Cruz y ante la resurrección de su Hijo, nos será más fácil darnos cuenta de esta realidad.

Mn. Xavier Argelich

¡Todos con el Papa!