Por los cristianos que han hablado alto y claro

 Jesús nace en el seno de una familia que es reflejo de la Santísima Trinidad, así nosotros formamos parte de la familia de Dios que es la Iglesia, y ella nos muestra así el amor entre los miembros. Por ello hemos de procurar asemejarnos a la sagrada familia de Nazaret, cada uno en su rol, en su papel, en la acción que Dios nos haya asignado antes de la creación del mundo. Y cuando se produce una tragedia en nuestras familias acudimos a Él para que nos consuele, nos cure las heridas del sacrificio cruento que vivimos, especialmente cuando nuestros seres queridos mueren trágicamente en un accidente ferroviario como el de Adamuz.

Y el mejor consuelo es participar en la Eucaristía presidida por la Cruz de Cristo y su madre de la Virgen Santísima. No es baladí, pues, que el rechazo a un funeral laico haya sido unánime por parte de las familias cristianas de Córdoba, Huelva y otros lugares de España. Pues el gran consuelo estriba en que creemos en la resurrección de los muertos y la vida eterna. Y no en una palabrería vacía con poesías de agnósticos y ateos que llevan a acrecentar el dolor y la exasperación.


Los comunistas y masones de este Gobierno español y de otros gobiernos locales no lo pueden entender y se esconden por temor a los abucheos que se merecen. Han de saber que el consuelo de Dios es infinito y no vale compararlo con nada.

Así que después de todo lo que hemos leído y han escrito en relación con las despedidas y funerales por los ya 46 muertos por la negligencia de un gobierno que España no debería tener, aplaudo la valentía de todos esos cristianos que han hablado alto y claro. 

Y pido nuevamente que sus muertos descansen en paz y las familias destrozadas de golpe sean aliviadas por los abrazos de la Virgen Santísima, que Ella ya está en cuerpo y alma en los cielos.

fotografía de La Sexta TV