¡El Señor me libró de todas mis ansias!

 Sucedió allá en la Capadocia, alrededor de los años 275 a 280, que nació el tan recordado soldado romano San Jorge. En otros textos se dice que nació en Lyda (Israel). Murió mártir el 23 de abril del año 303, lo decapitaron por no apostatar de su fe cristiana, católica. Su fama se extendió ¡tanto! que se han explicado de San Jorge numerosas leyendas, incluso se ha llegado a decir que no existió. Pero realmente nació, murió y fue canonizado por la Iglesia Católica, incluyéndolo en el catálogo de los santos en el año 494. Tal día 23 de abril, la Iglesia Católica celebra su festividad en muchas partes del planeta. A nivel social, San Jorge ha ido teniendo mucha repercusión y se celebran fiestas, se regalan libros y se obsequian rosas añadiéndose al propio folklore de aquellos territorios, también en España.

En las tierras ortodoxas y de oriente esta festividad se celebra en otras fechas. Allí el arte de la iconografía religiosa está muy arraigado. En él contemplamos iconos en los que San Jorge va montado en un caballo y con una lanza mata al dragón el cual expulsa un fuego abrasador. Por nuestros lares se venden y compran dragones aniñados sonrientes y divertidos, paganizando un dragón peligroso que encierra un mal para el hombre, en el sentido de humanidad. 

Esto nos lo explican las Sagradas Escrituras, especialmente en los Salmos, muchos de ellos atribuidos al Rey David de Israel. En la misa de San Jorge, especialmente en la respuesta al salmo se dice o se canta ¡El Señor me libró de todas mis ansias!

¿Por qué pedimos que el Señor nos libre? A veces estamos atemorizados, incluso nos puede doler el estómago por temor a muchas cosas que nos ocurren. Pero suele ser normal sentir esas emociones ante un peligro cierto o incierto. Entonces invocamos al Señor para que nos ayude y nos libre de nuestras angustias. En un primer plano esa podría ser una explicación sencilla, humana, incluso para niños, y está bien.  Pero David, el Rey, era un hombre profundo que tenía visión sobrenatural de lo que sucedía y no solo a él mismo. Oraba al Señor ¡Adonai! desde que era un niño y pastoreaba el rebaño de las ovejas de su padre. Allí ya empezó a cantar con la cítara y siguió cantando al Señor antes, en medio y después de las batallas contra los filisteos, en el Tabernáculo y en el Templo que mandó construir en Jerusalén. Toda su vida.

¿Qué nos quiere decir la iconografía de San Jorge que cuando mata al dragón expulsa a muchos demonios?

Los exégetas a lo largo de los siglos que han transcurrido desde David, llamado también el Matagigantes, hasta hoy mismo, nos dicen que ese fuego abrasador expulsado son las angustias de nuestras concupiscencias de la carne y de los sentidos, es decir, los pecados capitales. Cuando somos tentados para cometer pecados, si no queremos perder la gracia de Dios ¡luchamos! y además cada día, cada uno de nosotros, pues queremos ser santos, perfectos, para agradar a Dios y todo por su Gloria. Y cuando luchamos, le pedimos al Señor que nos libre de la tentación (como rezamos en el Padrenuestro) que nos libre de nuestras angustias y de nuestras ansias. Una vez superada la prueba podemos cantar ¡El Señor me libró de todas mis ansias! De ahí la simbología del dragón, la lanza y el fuego.

 Fotografías del cuadro El Jardín de las Delicias y de la tumba del Rey David en Jerusalén

Fuente Wikipedia

El Catecismo de la Iglesia Católica describe el derecho a la legítima defensa

 El mandamiento nuevo que instituyó Jesucristo en la Última Cena del Jueves Santo fue el de la Caridad, que nos amemos unos a otros, incluso a los enemigos. Por ello el Santo Padre León XIV promueve el diálogo entre los opuestos. En la familia, entre los vecinos, las regiones, los países y naciones se ha promover la Caridad porque Dios es Amor, el amor por antonomasia. Habrá uno o muchos a quienes no le guste este Santo Padre porque lo que promueve es el diálogo para la paz, pero no solo una simple paz en el mundo, sino esa Paz de Cristo que nos invita al diálogo, a veces intenso, para evitar que nos matemos unos con otros.


Realmente es dificilísimo un diálogo fructífero para llegar a una paz verdadera, y no solo estoy pensando en estas guerras con los terroristas islámicos de varios países, que no quieren hablar sino borrar del mapa a los judíos y a los cristianos, sino dentro de nuestras familias para extender el amor a los demás.

Pero que no espere nadie que este Papa se doblegue ante acusaciones sórdidas, ni la mayoría de los católicos practicantes que piensan igual que el Santo Padre.

Sin embargo es importante destacar que los católicos tenemos el derecho a defendernos ante cualquier ataque. El católico puede ser un tonto o un estúpido pero no por ser católico sino por otros factores. En el Catecismo de la Iglesia Católica describe el derecho de defensa de la siguiente manera en los puntos 2263, 2264 y 2265:

 La legítima defensa

2263 La legítima defensa de las personas y las sociedades no es una excepción a la prohibición de la muerte del inocente que constituye el homicidio voluntario. “La acción de defenderse [...] puede entrañar un doble efecto: el uno es la conservación de la propia vida; el otro, la muerte del agresor” (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 64, a. 7). “Nada impide que un solo acto tenga dos efectos, de los que uno sólo es querido, sin embargo el otro está más allá de la intención” (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 64, a. 7).

2264 El amor a sí mismo constituye un principio fundamental de la moralidad. Es, por tanto, legítimo hacer respetar el propio derecho a la vida. El que defiende su vida no es culpable de homicidio, incluso cuando se ve obligado a asestar a su agresor un golpe mortal:

«Si para defenderse se ejerce una violencia mayor que la necesaria, se trataría de una acción ilícita. Pero si se rechaza la violencia en forma mesurada, la acción sería lícita [...] y no es necesario para la salvación que se omita este acto de protección mesurada a fin de evitar matar al otro, pues es mayor la obligación que se tiene de velar por la propia vida que por la de otro» (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 64, a. 7).


2265 La legítima defensa puede ser no solamente un derecho, sino un deber grave, para el que es responsable de la vida de otro. La defensa del bien común exige colocar al agresor en la situación de no poder causar prejuicio. Por este motivo, los que tienen autoridad legítima tienen también el derecho de rechazar, incluso con el uso de las armas, a los agresores de la sociedad civil confiada a su responsabilidad.

 El Catecismo de la Iglesia Católica es un libro formativo, performativo, interesante y un bets seller editorial. Está cerca el Día del Libro, el día que se celebra Sant Jordi o el día que murió Miguel de Cervantes y otros grandes escritores, por ello es una buena idea comprarlo, es un libro para toda la vida.

Catecismo de la Iglesia Católica

foto del barco BBC News

¡Bienvenido Santo Padre León XIV a Barcelona!

 Sea bienvenido a esta tierra nuestra de España tan variada en regiones y lenguas que sigue siendo maravillosa por sus grandes contrastes de...