El chismorreo destruye la dignidad de las personas
Lamentablemente muchos canales de televisión (de aquí y de otros países) y de redes sociales se dedican al chismorreo y a criticar a la gente en particular, con nombre y apellidos, y en general porque así venden audiencia y likes.
No obstante en la vida diaria y
cotidiana, tomando un café con las amigas, desayunando con los compañeros de
trabajo, en las reuniones familiares, es decir, a partir de dos o más personas
que se juntan, el chismorreo, la crítica destructiva, comentarios
malintencionados para hundir al otro o a la otra, aparecen.
En mayor o menor medida se
convierten en mentiras que provienen de hipótesis o suposiciones o pequeñas
verdades que acaban constituyendo difamaciones que pueden llegar a destruir
familias, personas, matrimonios y hasta equipos de trabajo.
El Catecismo de la Iglesia
Católica (CEC) aborda la murmuración (catalogada principalmente como
maledicencia o detracción) en el marco del octavo mandamiento «No dirás falso
testimonio ni mentirás», específicamente en los números 2477 a 2479.
El Catecismo señala que el
respeto de la reputación de las personas prohíbe toda actitud y palabra
susceptible de causarles un daño injusto. Dentro de las faltas contra la verdad
y la buena fama del prójimo, define con precisión:
• La maledicencia (o
murmuración): Ocurre cuando alguien, «sin razón objetivamente válida,
manifiesta los defectos y faltas de otros a personas que los ignoran».
• El juicio temerario: Ocurre
cuando alguien, incluso de forma tácita, admite como verdadero —sin tener para
ello un fundamento suficiente— un defecto moral en el prójimo.
• La calumnia: Ocurre cuando,
mediante palabras contrarias a la verdad, se daña la reputación de otros y se
da ocasión a juicios falsos sobre ellos.
Para muestra un botón os
recomiendo una buena película que se titula EL MEDICO DE BUDAPEST. Se
trata de Un cardiólogo es enviado a la jubilación, pero se siente perdido
sin su trabajo. Regresa a su pueblo natal para trabajar como médico
generalista. Este es el comienzo de su terrible experiencia: se enfrenta a la
cruda realidad, que finalmente lo pone de rodillas. Pero la música tiene la
última palabra. (FILMAFFINITY).
Esta es la sinopsis de los hechos,
no obstante el trasfondo moral de la película es presentar cómo el chisme, el
chismorreo y la crítica por vicio destruyen la tranquilidad de algunas familias
y la del vecindario de un pueblo pequeño de Hungría.
