Hoy, 1 de noviembre, es un día de gran júbilo. El cielo está de fiesta pues celebramos de la mano de la Iglesia, que es Madre y Santa, la Festividad de todos los Santos. Por un lado, aquellos santos que a lo largo de los siglos la Iglesia ha elaborado la Causa de los Santos, los ha proclamado así y constan de esta manera en el santoral. Y por otro, celebramos todos aquellos santos que están en el cielo y de los que no hubo proceso de canonización pero que lucharon por su santidad hasta el momento de su muerte material, la de su cuerpo. Allí en el Cielo (que es un estado del alma) todos ellos gozan de la visión beatífica de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, tres Personas distintas y solo un Dios verdadero.
La visión beatífica de Dios
¿Y dónde está la Virgen María para venerar sus reliquias?
A lo largo de los siglos, desde los primeros cristianos y en la actualidad, se acude a venerar las reliquias de los santos, de aquellos proclamados por la Iglesia y de los que se sabe dónde están enterrados.
Vamos
a Santiago de Compostela haciendo un largo camino a pie o en avión para dar el “Abrazo”
al apóstol. Al Vaticano, para venerar a San Pedro y San Pablo VI, a San Juan XXII,
a San Juan Pablo II, y a otros santos padres. Así seguiríamos nombrando lugares
donde están enterrados tantos y tantos santos y mártires.
Por ello Muchos, a lo largo de la historia del cristianismo, se han preguntado en qué lugar murió la Santísima Virgen María. Así las cosas, los fieles cristianos y marianos, santos, eruditos y teólogos y sencillos, a lo largo de todos estos siglos han respondido, con ellos, las Sagradas Escrituras y los dones del Espíritu, el Papa Pío XII en el año 1950, dictó una Constitución Apostólica que refiere todos los bienes y bellezas de Nuestra Madre del Cielo, concluyendo con la siguiente Solemne Definición:
Por lo tanto, si alguien, Dios no lo quiera,
se atrevió a negar o cuestionar voluntariamente lo que hemos definido, hágale
saber que ha fallado en la fe divina y católica.
Para que nuestra definición de la asunción
corporal de la virgen María al cielo pueda ser llevada a la atención de la
iglesia universal, queríamos que esta carta apostólica nuestra fuera un
recuerdo perpetuo; ordenando que todas las copias o copias, incluso las
impresas, firmadas por la mano de algún notario público y que lleven el sello
de alguna persona constituida en dignidad eclesiástica, reciban absolutamente
la misma fe de todos; que se prestaría al presente, si se exhibiera o mostrara.
Por tanto, no es lícito que nadie infrinja
nuestra declaración, proclamación y definición, ni se oponga y contravenga. Si
alguien se atreve a tentarlo, debe saber que incurrirá en la indignación del
Dios todopoderoso y de sus benditos apóstoles Pedro y Pablo.
Dado en Roma, junto a San Pedro, en el año
del mayor jubileo de 1950, el 1 de noviembre, fiesta de todos los santos, en el
año duodécimo de Nuestro pontificado.
Es decir, la Virgen Santísima Madre de Jesús y Madre Nuestra, el primer Sagrario, fue rescatada de la muerte corporal y asunta a los cielos donde está en cuerpo y alma, Dogma de Fe que proclamamos en el Credo de nuestra Fe los cristianos católicos.
No
hay que seguir buscando pues no hay cuerpo ni restos mortales que encontrar. Ni
los hubo. Así es nuestra Fe.
En
un clic abriréis la Constitución de la Carta Apostólica Munificentissimus
Deus, de la web Vatican.va
Munificentissimus Deus, dogma de Fe de la Asunción de la Virgen en cuerpo y alma a los cielos
El paso del Señor: De la persecución a la libertad
Una de las celebraciones más bellas de todo el calendario litúrgico de la Iglesia es la Vigilia Pascual. Su profundo significado es la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, ya que sin ella vana habría sido la Cruz. Pero tanto en los textos del Antiguo Testamento que predecía que la Resurrección se iba a producir como en el Evangelio este hecho viene claramente relatado y revelado: La resurrección de Cristo efectivamente se produjo, no está aquí, ha resucitado. Por eso la Cruz de Cristo fue necesaria para nuestra redención. Por otra parte, la liturgia de la Vigilia ofrece tantos matices, momentos de gran emoción y gestos teológicos que llenan de júbilo a los celebrantes, los asistentes, así como a los ministros laicos, tanto adultos como monaguillos.
Bendición de fuego
Todo estaba listo. Al fondo del
templo, detrás de las puertas cerradas de Montalegre, sobre una mesa baja
estaba el cirio pascual, los clavos, los trozos de madera para el fuego y el
libro Bendicional. Calado el fuego, el rector lo bendijo y con la llama se
encendió el cirio y con él las velas que todos los asistentes pudieron coger al
entrar en la iglesia para participar en la celebración. Seguidamente, el
rector, los sacerdotes que iban a concelebrar, el maestro de ceremonias y los
monaguillos procesionaron por la nave central y encendieron las velas de los
fieles. Y si hasta ese momento el templo estaba oscuro, apenas estaba
iluminado, al unísono las lámparas y los lampadarios se encendieron.
El Pregón Pascual
Exsúltet así se llama el pregón pascual. Su
proclamación fue completa y fue cantada suavemente a una sola voz por un buen
colaborador de Montalegre.
La liturgia de la Palabra
Las lecturas de esta celebración son
largas en sí mismas. Se leyó el Génesis y el libro del Éxodo, acompañadas de
sus salmos, cánticos y oraciones. Por primera vez desde el inicio de la
Cuaresma, con excepción de algunas celebraciones concretas, se cantó el Gloria
a Dios en el cielo. A continuación, la epístola de San Pablo a los Romanos,
el correspondiente salmo y un texto del Evangelio según San Marcos.
La homilía
Mn. Xavier transmitió la alegría de la
festividad que se estaba celebrando, entre otras cosas dijo:
Celebramos la noche más grande de todas las noches. Hemos proclamado la Resurrección del Señor en esta noche santa. Hemos sido redimidos. Ahora somos hijos de Dios. Las aleluyas que hemos cantado nos tiran arriba el corazón. La Lumen Christi está relatada en la primera lectura del Génesis, que es la recreación de la luz de Cristo ... Las santas mujeres que acompañan a Cristo en la Pasión ahora son ellas mismas las que anuncian la resurrección, hemos pues responder a esta vida nueva de redimidos. Los bautizados somos ¡luz!, La cual es mucho más fuerte que la luz del sol, ya que la luz de Cristo nunca se apagará. Vivamos en la luz del resucitado. Todo está hecho en Cristo no habrá una nueva redención. Por eso hemos de ser otro Cristo en el nuevo orden instaurado por Dios. Renovamos la Esperanza y el Amor ... El que tiene fe vive la vida, quien no la tiene sufre la vida, ¡Vivamos de fe!
Seguidamente el rector procedió a la
bendición del agua bautismal y a la lectura, rezando, de una larga oración. A
continuación, nos invitó a la renovación de las promesas bautismales, momento
muy particular para cada uno de los presentes ya que cada fiel debía contestar
por sí mismo, es decir, en primera persona. A su vez, aspergió agua bendita a
todos los asistentes.
En otro momento, el incensario que
estuvo constantemente encendido, elevando así nuestro espíritu hacia Dios,
fuimos bendecidos con el incienso.
Siguió, la celebración eucarística con
toda solemnidad, entonando los cantos propios de la Pascua, con gran alegría,
no sólo la humana sino también la que produce saberse hijos de Dios.
Mi alma está triste hasta la muerte
Jesús fue con sus discípulos a un huerto, llamado Getsemaní, y le dijo: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar». Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo». Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú». Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. (extracto del Evangelio según san Mateo 26, 36-40)
Antes
de que prendieran a Jesús por intervención de Judas Iscariote, y después de la Última
Cena ocurrió lo que hemos leído en el breve pasaje del Evangelio citado. En
pocas horas se iban a suceder una serie de acontecimientos que Jesús ya sabía,
y en ese presagio orando a su Padre Dios expresó, sudando sangre, Mi alma
está triste hasta la muerte.
Aunque
lo supiera, sufría: La negación de Judas, la negación de Pedro, el abandono de
sus discípulos. Y se dejó hacer todo, no se le ahorró nada: La flagelación, las
espinas y las burlas, la cruz a cuestas, cada clavo en la cruz y su martillazo,
la salvación de las almas que tenía cerca, la entrega de su madre para nuestra
protección y la expiación completa para darnos la vida eterna.
Con
ello y por ello, esa Cruz diaria, la cruz que sufrimos cada día, podemos
ofrecerla por amor y gloria de Dios, cooperando nosotros también en la
salvación de las almas.
Plan ambicioso para la Semana Santa 2021
En este Domingo de Ramos exaltaremos la entrada de Jesús a Jerusalén sobre un borrico. Leeremos y escucharemos la Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos, toda la Pasión hasta la Resurrección gloriosa. Así se inicia la Semana Santa.
Durante esos días se seguirán leyendo textos del Evangelio que nos relatan los hechos ocurridos durante esas jornadas gravísimas que vivió nuestro Señor para bajar a los infiernos y pagar por nuestra redención. Recordaremos unos hechos ya constados por expertos y exégetas, los cuales han podido apreciar que algunos hechos no se produjeron exactamente con la consecución que relatan los textos sagrados. Las razones aludidas han sido por cuestión de espacio y tiempo, pero como indicó el Santo Padre emérito, Benedicto XVI, dejemos las cosas como están pues si ocurrieron con menos prisa la verdad cierta es que ocurrieron.
Muchas
iglesias y templos, por autorización de sus obispos, celebrarán no un oficio
sino dos, se entiende que iguales y se entiende para que el aforo autorizado
permita que acudan todos los fieles que lo deseen.
Y
¿Nuestra alma? ¿Qué haremos con ella? Lo mejor que podemos hacer es ir a
confesarnos. Eso nos va a suponer un alto grado de humildad, un gran amor a la
obediencia de nuestro Padre Dios y reciedumbre para sufrir las cosas de cada
día junto a la Cruz de Jesucristo, un plan ambicioso para la Semana Santa 2021
en la que nada nos va impedir ir a la Iglesia para seguir los diferentes santos
oficios.
Si
no podemos salir a la calle, el templo más cercano está cerrado o el aforo está
completo, anotemos los horarios de los oficios desde el Vaticano, presididos,
si Dios quiere, por el Papa Francisco que, de buen seguro, los retransmitirá la
TRECETV.
Vivir la sinceridad con Dios
Hoy es Miércoles de Ceniza, con ello se inicia el tiempo litúrgico de la Cuaresma, un itinerario de cuarenta días en el que se nos pide a los cristianos que revisemos nuestra vida y nuestra conciencia, y nos convirtamos, para adherirnos más al Señor.
Quitémonos
los pesos muertos de nuestra soberbia. No se trata de que me tengan que
aguantar porque sea como soy. Se trata de que me mortifique, por ejemplo,
sin gritar, sonriendo, siendo templada, que me frene, cada uno según su carácter y su temperamento. Si no es así, ofendo a
Dios y a los demás.
Hemos
de hacer un examen de conciencia muy íntimo para conocernos de nuevo, para
corregirnos de nuestras frivolidades y perezas, entre otras cosas. Y ese examen es tan íntimo
como conversar con Dios, si a Él le hablamos viviremos la sinceridad, que es lo
cuenta. Todo lo demás, esas excusas, lo echaremos por la borda, pues detrás de
una excusa se esconde el diablo.
El amor al Papa
En nuestro camino de santidad tenemos unos amores muy importantes: Jesucristo, la Virgen Santísima y el Santo Padre. Amar al Papa es un querer de Cristo. Jesucristo creó la Iglesia, una, santa, católica y apostólica, edificándola sobre Pedro, y le han seguido 268 Papas, hasta hoy.
Sea quien sea quien ocupe la Cátedra Petrina hemos de procurar afecto y sintonía. Y afecto significa estar cerca de él, leer sus textos; conocer qué dice y qué hace.
No se trata de afectos sensibles,
de que nos caiga bien o peor, o que sea más esto que lo otro, como católicos
hemos de amar al Papa, y rezar mucho con él, sencillamente, no hay que darle más vueltas.
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