San Antonio Abad, patrón de los animales

Muchísimas personas gozan de la compañía de mascotas. Algunos de sus propietarios se plantean que a la muerte del animal deben tener un funeral en toda regla y en menos casos quieren un funeral religioso. Esta cuestión se ha formulado ante la Santa Sede en varias ocasiones. En una ocasión el Papa Francisco se lamentó de que muchas familias substituyeran a los hijos por los perros o gatos, no obstante, también aclaró que hay que respetar a los animales y a la creación. En esta sintonía se orienta la Iglesia actualmente pero no existe ningún rito funeral para animales en la Iglesia Católica.

Es propio aclarar que hay filosofías y creencias diferentes a nuestra religión católica (que es seguir a Jesucristo) que sostienen adoración a algunos animales y respeto y otros que no los pueden matar (elefantes, vacas, etc.) o en otro orden sostienen que ciertos animales les pueden proporcionar suerte o desgracia. En cualquier caso, no se puede pedir a un sacerdote o diácono católico que realice un funeral con rito católico a un animal muerto porque los animales no poseen alma espiritual la cual solo la poseemos los seres humanos que hemos sido creados por Dios a su imagen y semejanza.

Cuando consultamos en la IA nos dice que el alma de los perros es equivalente a la acción vital que tienen, pero esto no es lo mismo que el alma espiritual de los seres humanos. La Iglesia lo que nos pide es que cuidemos de la casa común, de sus criaturas y creaturas.

Así que estos propietarios y propietarias de mascotas pueden celebrar la ceremonia que deseen en su casa o en cualquier otro lugar, invitando amigos y familiares para recordar a esta mascota que les hizo tan feliz. Además, hay cementerios o lugares donde se entierran o se incineran los animales, cosa de la que informan las clínicas veterinarias.

Otra cosa son las bendiciones tradicionales a los animales que, en la festividad de San Antonio Abad, el día 17 de enero, se imparten en algunas parroquias, pero fuera de los templos, por ejemplo, en los atrios y jardines. Antes era a los burros, caballos, cerdos o a animales de labranza en general, ahora más a las mascotas, gatos, perros, periquitos, etc. para que ayuden a sus propietarios a hacer el bien.

Os recomiendo la lectura del artículo de Vatican News sobre el santo.

San Antonio Abad

Foto de cuadro del Museo del Prado, Madrid

Los caminos divinos de la tierra

 El nacimiento de nuestro Señor Jesucristo constituye un momento central y fundamental en la historia de la humanidad. Dios se hace hombre encarnándose en el seno virginal de Santa María y naciendo en Belén. Se hace uno de nosotros para redimir la humanidad y recuperar la amistad del hombre con Dios. Es un acontecimiento que celebramos todos los años con gran alegría y grandes celebraciones litúrgicas, familiares y sociales.  


El nacimiento de Jesús supone el inicio del caminar terreno del Hijo de Dios, dando un sentido y valor sobrenatural a todo el quehacer honesto del hombre. Jesús santifica la vida humana, la familia, el trabajo, la sociedad y todas las realidades honestas de este mundo. Con su vida y palabras nos muestra el modo auténtico de vivir, nos señala el camino a recorrer y nos muestra el fin de todo hombre y mujer. Aprovechemos este tiempo de adviento y la Navidad para acercarnos más a Él y experimentar el verdadero sentido de toda nuestra existencia. ¡Se han abierto los caminos divinos de la tierra! Con esta gráfica expresión, San Josemaría nos hacía considerar la belleza y la grandeza de la luz recibida de Dios el 2 de octubre de 1928. Se iniciaba así una fuerte renovación espiritual en la Iglesia para recordar que Dios nos llama a todos a la santidad, que ésta no es sólo para algunos privilegiados. Todos los bautizados podemos y debemos ser santos. Una novedad tan vieja como el Evangelio y tan nueva como el mismo Evangelio.

 Con el nacimiento de Cristo una nueva estrella se enciende en lo alto de los cielos, su luz brilla con claridad y fuerza, es un signo visible del amor de Dios, de su llamada insistente y persuasiva para que cada uno siga el camino marcado por la luz de la fe en Cristo, un camino distinto para cada uno, pero igual para todos ya que a todos nos llama Dios a ser santos.

¡Feliz Navidad y Feliz año nuevo!

Mn. Xavier Argelich Casals

Fotografía Isabelita

Quien salva es Jesucristo, Dios y hombre verdadero

 Sucedió que en el municipio de Matera de la región de Basilicata del sur de Italia se cometió un crimen en el interior de una iglesia, al pie de una imagen de la Virgen María. En esta ocasión también la fiscal adjunta Señora Inma Tataranni resolvió el crimen no sin complicaciones.  No solo pudo ordenar el cierre en prisión de los culpables del crimen, sino que también desmanteló el negocio de unas señoras embaucadoras que habían montado altares dedicados a la Virgen María en sus diversas advocaciones en el domicilio de una de ellas. El delito que se desenmascaró fue que la que dirigía el cotarro captaba mujeres y les decía que si rezaban allí muchos rosarios y le pagaban a ella un dinero o le dejaban sus posesiones en herencia se les perdonarían todos los pecados.


Esto es una estafa y un pecado grave, pues no se puede utilizar la virtud de la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra con y para ningún uso salvífico y mucho menos dinerario. Es decir, quien salva siempre y únicamente es Dios a través de Jesucristo que instituyó los siete sacramentos, entre ellos la Confesión llamado también el de la Reconciliación con Dios.

Tanto la Virgen Santísima como los santos del cielo interceden ante Dios, hablan bien de nosotros, pero es Dios quien salva, quien hace los milagros antes, ahora y en el futuro.

Los atributos de la Virgen Santísima son muchos, ahí tenemos los dogmas sobre ella y las letanías del santo rosario (oficial). Evidentemente contribuyó a la salvación de la humanidad por su fiat, confió en Dios quien todo lo puede. Recordémoslo siempre.

Un último detalle, en la oración del Ave María no añadamos nada, por favor, tiene su texto oficial. Ella es nuestra Madre en el sentido espiritual. Así que no podemos añadir a Dios te salve María pariente mía, por ejemplo.

Fotografía Wikipedia

Las que fueron monjas de Belorado son una farsa


Vienen siendo noticia las actividades de unas mujeres disfrazadas de monjas que viven un carnaval constante. Y esto no es una opinión o una valoración subjetiva, son hechos claros y probados. Se trata de las mujeres que viven en el Convento de Santa María de Bretonera (Clarisas), en Belorado, Burgos.

En su momento estas mujeres que decían que eran monjas clarisas se rebelaron contra la Superioridad de su Orden. La Diócesis correspondiente les abrió un expediente y en junio de 2024 el arzobispo de Burgos las excomulgó. Por lo que dejaron de pertenecer a la Orden religiosa a la que habían profesado y a su vez a la Iglesia Católica, universal y romana. Así que NO SON MONJAS NI RELIGIOSAS NI CATÓLICAS. Son unas mujeres que usurpan constantemente un hábito religioso digno de ser respetado.

 
¿Y qué es la excomunión?

La excomunión es una pena eclesiástica que excluye a una persona de la comunión con la Iglesia católica, impidiendo el acceso a los sacramentos y la participación activa en la liturgia.  El Catecismo de la Iglesia Católica aborda la excomunión principalmente en los números que van del 1463 al 1467.

Por lo que hace a los bienes inmuebles, si bien cuando eran religiosas tenían derecho a vivir en el Convento de Santa María de Bretonera en Belorado, cuando dejaron de ser religiosas no.  Visto lo anterior se inició un proceso jurídico de desahucio del cual se aplazó recientemente su expulsión, según han dicho los medios. Son pues unas simples OKUPAS, como tantas otras personas que ocupan pisos, fincas, edificios abandonados, en tantos sitios de España.

En cuanto a los bienes muebles, es decir las obras de arte que albergaban dicho monasterio, no son propiedad de ninguna de ellas, ni en grupo ni individualmente, por lo que las mujeres que han vendido esos bienes materiales se han apropiado indebidamente de ellos. Es decir, son unas simples LADRONAS DE ARTE, que como no trabajan han de comer y beber lo cual se aprecia por su buen aspecto físico, y todo ello porque dicen ser las monjas de Belorado.

Como católica, laica, me ofende profundamente la usurpación maliciosa de la condición de religiosa, loable ante Dios y la humanidad por el bien que han hecho y hacen en el mundo misionero y de clausura.

En definitiva, es un grupo de mujeres que han encontrado un modo de vivir que hasta hora les ha rendido, pero con la actuación judicial de estos días, se han quedado sin más bienes que robar en su único y personal beneficio, escandalizando a la sociedad al usurpar una condición sagrada de las que hace tiempo fueron expulsadas.


El diablo conoce perfectamente la doctrina católica y fabrica tentaciones para ir en contra de ella

El evangelio del día 10 de octubre de 2025 nos dice con total contundencia que puede asustar que el demonio existe, que el demonio nunca hace el bien pues es el príncipe de la mentira, del mal en sí mismo. Si le obligaron a salir de donde estaba mentido (de un endemoniado) puede volverse a meter en un alma limpia recién confesada y absuelta, si el propósito de la persona es seguir igual (o peor) pues realmente se confesó para simular su arrepentimiento. Dios lo sabe y el demonio no se desanima y sigue tentando para hacernos caer.

Vamos a leer el texto del santo evangelio según san Lucas 11, 15-26:

En aquel tiempo, cuando Jesús expulsó a un demonio, algunos dijeron: “Éste expulsa a los demonios con el poder de Satanás, el príncipe de los demonios”. Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa. Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: ‘’Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿Cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Satanás. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios por el poder de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo, y al no hallarlo, dice: ‘Volveré a mi casa, de donde salí’. Y al llegar, la encuentra barrida y arreglada. Entonces va por otros siete espíritus peores que él y vienen a instalarse allí, y así la situación final de aquel hombre resulta peor que la de antes”. 



Un alma confesada, si el demonio la tienta de nuevo la encontrará barrida y arreglada por lo tanto hay que usar esas armas para guardar nuestro palacio para que mis bienes estén seguros. Y ¿Cuáles son esos bienes sagrados que nos dejó Jesucristo para llenarnos de Dios? Los sacramentos, la oración mental, las oraciones vocales, la práctica de las virtudes. En efecto, todo un clásico de la doctrina católica. Si abandonas a Dios y a los medios que a puesto a nuestro alcance, nos vaciamos de Él. Sin duda, el diablo estará al acecho y con más espíritus que antes, y además con más ferocidad en sus artimañas.

En esta reflexión me ha venido a la cabeza un libro que leí hace pocos meses, una lectura fuerte y clara para la que has de estar preparado: Cartas del diablo a su sobrino del autor británico C. S. Lewis, conocido por ser autor también de Crónicas de Narnia. Leí la novela de las cartas en mis vacaciones estivales pasadas. Solo pude leer una carta al día, o días alternos. Pues según y como, me quedaba boquiabierta. Se trata de un diablo anciano que conoce perfectamente la doctrina católica y en consecuencia fabrica tentaciones para ir en contra de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo y por supuesto de la Virgen Santísima. El relato epistolar es con otro diablo pero más joven que lo está adiestrando para que logre que muchas almas se desvinculen de Dios. El autor sitúa la acción de los diálogos entre los demonios en medio de los bombardeos de la II Guerra Mundial. Hoy, 83 años después, es un libro totalmente actual pues esta Europa en la que vivimos, de origen cristiano, está vaciándose de Dios y muchas personas van por ahí siendo lobos vestidos de corderos.

Vivir la pobreza, ser desprendidos

 Las entidades de crédito son las que más saben del aumento del gasto familiar en créditos para ir de viaje lo más lejos posible, o renovar el mobiliario a precio de ganga, aunque no se necesite, alquilar un bungalow a la vuelta de las vacaciones porque no te apetece volver al trabajo, hacer regalos extraordinarios con fin de semana romántico incluido sin corresponder a fechas destacadas, simplemente porque yo lo valgo y miles de ejemplos más. Y ya ha dado aviso el Banco de España de que muchos de estos créditos no se cobrarán.

El ambiente de gasto impropio, superfluo, excesivo, inadecuado de nuestra clase política, la potente y sugestiva publicidad y el buen márquetin de empresa nos desliza constantemente a vaciar la cartera, la tarjeta de crédito pues nos entra hambre de gasto de forma repetible y continuada. Es necesario ponerte un freno o límite personal. Pues el entorno no lo va a hacer por ti.

Por ello, nos podemos proponer vivir la pobreza como virtud, como virtud cristiana, es decir, ser desprendidos de los bienes terrenos para estar más cerca de Dios. No se trata de que nuestro hogar sea un falso convento. O que nos vayamos a un monte y vivamos como ermitaños, y nos alimentemos a base de animalillos del bosque e insectos. Esta no es la propuesta para nuestro tiempo ni para los que vivimos en el mundo de hoy. 


Vivir la pobreza como virtud cristiana significa no tener más de lo que realmente se necesita ¿Cuántos televisores tengo en mi casa? ¿Apago las luces de las habitaciones o estancias en que no hay nadie? ¿Tiro a la basura habitualmente alimentos que compro y no consumimos en casa? ¿Se me caducan los productos envasados y también tengo que tirarlos? ¿Mantengo arregladas todas las conducciones de agua o de otros suministros para evitar fugas y a la vez malgastar? ¿Cambio habitualmente de teléfono móvil para llevar siempre el último modelo? ¿Cuántas veces vas al bar, restaurante, cafetería, etc. en lugar de hacerlo en casa o por medio de fiambrera? ¿Comes y bebes hasta hartarte?

Podríamos plantearnos muchas preguntas.  Cada uno de la familia puede hacer también este examen de conciencia y anotar en qué se puede mejorar. Por ejemplo, si ya no te cabe ropa en el armario, zapatos, complementos, maletas, cinturones, etc. hoy se pueden vender con cierta facilidad. El beneficio que obtengas lo ahorras y un día vas a tu parroquia y lo entregas como donativo. O le haces una transferencia a Cáritas. Con ello, además de ganar espacio en tu vida y en tu corazón para poner a Dios, te sentirás aliviado.

 Hay un pasaje del Evangelio según San Mateo 6, 24-34 que nos puede ayudar en este sentido:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o bien obedecerá al primero y no hará caso al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero.

Por eso les digo que no se preocupen por su vida, pensando qué comerán o con qué se vestirán. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes más que ellas? ¿Quién de ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un momento?

¿Y por qué se preocupan del vestido? Miren cómo crecen los lirios del campo, que no trabajan ni hilan. Pues bien, yo les aseguro que ni Salomón, en todo el esplendor de su gloria, se vestía como uno de ellos. Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?

No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por consiguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura. No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le bastan sus propios problemas”.

 Después, intenta vivir con lo que ingresas, poco a poco, pues tratándose de una virtud, es decir, de repetir actos buenos en ese sentido, no es un encendido o apagado de móvil inmediato. Y recordar, que las cosas que nos queden o tengamos siempre nos han de llevar al Cielo.

El uso del confesionario para el sacramento de la reconciliación con Dios


Entre los cinco mandamientos de la Iglesia Católica consta el siguiente:
 Confesar los pecados mortales al menos una vez al año, y en peligro de muerte, y si se ha de comulgar. Para ello existen y están los confesionarios en las catedrales, basílicas, iglesias, parroquias y los oratorios para el uso de los penitentes, siempre que haya un sacerdote dentro. Pues un confesionario no es un elemento decorativo de los templos, sino el lugar idóneo para administrar el sacramento del perdón.

En muchas ocasiones, hemos visitado iglesias o lo hemos visto en películas y medios digitales que no contienen confesionarios. Podemos decir que son protestantes pues rechazan los sacramentos, y entre ellos el del perdón de Dios a través de un sacerdote ordenado. También hemos visto muchos confesionarios vacíos pues hay pocos sacerdotes, por falta de vocaciones. En cualquier caso, confesarse y cumplir la penitencia que me fuera impuesta, amén es genuinamente católico. Creemos que, por supuesto, no somos perfectos, que por naturaleza nos inclinamos hacia el mal debido al pecado original, que tenemos temor de Dios, y que por ello cuando hacemos el examen de conciencia observamos las faltas y pecados que pudiéramos haber cometido durante el día, la semana, el mes, el año, la vida. Por tanto, nos sentimos golpeados interiormente y llamados para ir a confesarnos. Así, acudimos con frecuencia a una iglesia donde habitualmente hay sacerdotes confesando, y arrepentidos confesamos nuestras faltas y pecados, de la gravedad que sean.

 

El origen del confesionario

Desde que Jesucristo instituyó el sacramento de la confesión y les dio este poder a sus apóstoles, ejercieron sus sucesores este ministerio por los siglos, pero no siempre existió el confesionario. En los primeros siglos después de Cristo, los fieles y los sacerdotes hacían lo que podían. Más adelante se estableció que se realizase el acto de la confesión en el templo, siendo vistos, pero no oídos. Téngase en cuenta que el trato cercano entre sacerdote y penitente podía dar lugar a abusos pues el consuelo afectivo podía llevar a otras cosas. Todo ello llevó a que la Iglesia estudiase el modo y manera de practicar la confesión, pensando lo mejor para los fieles y para los sacerdotes. Mucho tiempo pasó hasta que San Carlos Borromeo (1538-1584) inventara el confesionario tal como lo conocemos hoy, aprobándose su uso en el Concilio de Trento que se celebró entre los años1545 y 1563.

 


La regulación actual del confesionario

El Código de Derecho Canónico aprobado en el pontificado de San Juan Pablo II, en el año 1983, siendo entonces el Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe el Cardenal Ratzinger, el que fue el Papa Benedicto XVI, estableció lo siguiente:

960 La confesión individual e íntegra y la absolución constituyen el único modo ordinario con el que un fiel consciente de que está en pecado grave se reconcilia con Dios y con la Iglesia; sólo la imposibilidad física o moral excusa de esa confesión, en cuyo caso la reconciliación se puede tener también por otros medios.

961 § 1.    No puede darse la absolución a varios penitentes a la vez sin previa confesión individual y con carácter general a no ser que:

1 amenace un peligro de muerte, y el sacerdote o los sacerdotes no tengan tiempo para oír la confesión de cada penitente;

2 haya una necesidad grave, es decir, cuando, teniendo en cuenta el número de penitentes, no hay bastantes confesores para oír debidamente la confesión de cada uno dentro de un tiempo razonable, de manera que los penitentes, sin culpa por su parte, se verían privados durante notable tiempo de la gracia sacramental o de la sagrada comunión; pero no se considera suficiente necesidad cuando no se puede disponer de confesores a causa sólo de una gran concurrencia de penitentes, como puede suceder en una gran fiesta o peregrinación.

 § 2.    Corresponde al Obispo diocesano juzgar si se dan las condiciones requeridas a tenor del § 1, 2, el cual, teniendo en cuenta los criterios acordados con los demás miembros de la Conferencia Episcopal, puede determinar los casos en los que se verifica esa necesidad.

962 § 1.    Para que un fiel reciba válidamente la absolución sacramental dada a varios a la vez, se requiere no sólo que esté debidamente dispuesto, sino que se proponga a la vez hacer en su debido tiempo confesión individual de todos los pecados graves que en las presentes circunstancias no ha podido confesar de ese modo.

 § 2.    En la medida de lo posible, también al ser recibida la absolución general, instrúyase a los fieles sobre los requisitos expresados en el § 1, y exhórtese antes de la absolución general, aun en peligro de muerte si hay tiempo, a que cada uno haga un acto de contrición.

963 Quedando firme la obligación de que trata el c. 989, aquel a quien se le perdonan pecados graves con una absolución general, debe acercarse a la confesión individual lo antes posible, en cuanto tenga ocasión, antes de recibir otra absolución general, de no interponerse causa justa.

964 § 1.    El lugar propio para oír confesiones es una iglesia u oratorio.

 § 2.    Por lo que se refiere a la sede para oír confesiones, la Conferencia Episcopal dé normas, asegurando en todo caso que existan siempre en lugar patente confesionarios provistos de rejillas entre el penitente y el confesor que puedan utilizar libremente los fieles que así lo deseen.

 § 3.    No se deben oír confesiones fuera del confesionario, si no es por justa causa.

 

¿Cuáles pueden ser esas causas justas aplicando normas de prudencia?

Entre otras:

1.En caso de enfermedad grave, es decir, cuando un sacerdote confiesa al enfermo en su domicilio. 2.En caso de ingreso hospitalario, acude el sacerdote a la habitación o incluso a la UCI. 3.En las charlas previas, cuando es el caso de una persona que no se ha confesado nunca y se le dan indicaciones. 4.En un evento multitudinario (Jornadas de las Familias, de la Juventud, Canonizaciones) cuyos confesionarios son portátiles y en ocasiones sin rejilla.

Además, con buen criterio, la Conferencia Episcopal de cada país establecerá lo que considere más conveniente para determinadas ocasiones.

 

¿Por qué usamos en confesionario?

1.Para que exista separación física entre el sacerdote y el penitente. 2.Porque se sobrenaturaliza el sacramento. 3.Para evitar el consuelo afectivo. 4.Para facilitar que los asuntos difíciles se vacíen del todo. 5.Para favorecer el anonimato, la comodidad y la privacidad.

Código de Derecho Canónico. El sacramento de la penitencia

¡Bienvenido Santo Padre León XIV!

 Sea bienvenido a esta tierra nuestra de España tan variada en regiones y lenguas que sigue siendo maravillosa por sus grandes contrastes de...